CARTA ABIERTA
Hay momentos en que la prudencia vale más que cualquier declaración altisonante. Lo ocurrido la tarde del jueves con José Ramiro López Obrador refleja justo lo contrario: una reacción que ha terminado por complicar más de lo que aclara.
El conflicto en el Instituto Tecnológico Superior de Los Ríos se desbordó en las calles, con protestas legítimas de estudiantes, maestros y padres de familia que pedían soluciones concretas.
Sin embargo, la intervención de las fuerzas antimotines generó más tensiones, y lo que pudo haberse resuelto mediante el diálogo terminó convirtiéndose en una crisis mediática y política.
El intento del secretario de Gobierno por justificar la actuación oficial, aludiendo a solicitudes del sector empresarial de Balancán para desalojar a los manifestantes, no encontró eco. Muy al contrario, fue desmentido de forma tajante por la Cámara de Comercio de ese municipio, en un comunicado inusualmente directo y hasta poco respetuoso a su investidura.
A esto se suma su reacción ante la prensa, particularmente con reporteros de XEVT, a quienes respondió con evidente molestia ante preguntas sobre el repunte de homicidios en el estado. Frases como “¡Ya bájenle!” y referencias desafortunadas a los periodistas como “buitres” resultan poco afortunadas, sobre todo viniendo de quien representa la interlocución política del gobierno. Más que calmar los ánimos, ese tipo de respuestas los encienden.
La figura del secretario de Gobierno demanda temple, apertura y capacidad de conciliación. No es un cargo menor: es el operador político del Ejecutivo, el que debe tender puentes y apagar fuegos, no avivarlos.
En este contexto, su actitud ha generado fricción con medios de comunicación relevantes como XEVT y Tabasco Hoy (a cuyos dueños también aludió), colocando en una posición incómoda al propio gobernador Javier May, quien ahora se ve obligado a contener los efectos de estos desencuentros.
Pepín dice conocer los terrenos de la política tabasqueña, pero el entorno actual exige otra clase de manejo. En un estado donde la seguridad y la gobernabilidad están bajo el escrutinio ciudadano, cada palabra y cada gesto tienen peso.
Quizá sea momento del hermano de AMLO para recalibrar el tono y regresar a lo esencial: escuchar, conciliar y resolver.
Porque más allá del apellido, lo que se espera de un secretario de Gobierno es eficacia y sensatez, no confrontaciones innecesarias que le pasen facturas a su jefe.
:LA RÚBRICA
El morenista Jorge Bracamonte ha salido a declarar que las puertas están abiertas para los estudiantes del Tecnológico de Los Ríos. Y lo dice como si eso bastara. Como si un gesto pasivo pudiera suplir la responsabilidad activa que le corresponde a un legislador. Lo que no entiende –o pretende no entender– es que abrir la puerta no es lo mismo que salir a la calle, caminar el terreno, ensuciarse los zapatos y escuchar de viva voz los reclamos de una comunidad educativa que lleva años alzando la voz sin que nadie en el poder la escuche de verdad. La declaración suena bien, incluso cortés. Pero es tramposa. Porque invitar a los estudiantes al Congreso es darles el papel de solicitantes cuando ellos deberían ser los interlocutores naturales de quienes dicen representarlos. Los diputados deben ir, no esperar. Y más aún cuando el conflicto –mal gestionado, minimizado y postergado– ya le estalló en la cara al oficialismo. Lo que el presidente de la Junta de Coordinación Política intenta vender como un acto de apertura, en realidad evidencia su desconexión. Tarde y mal reacciona a un conflicto que no vio venir, como si el problema del ITSR hubiese brotado de la nada. Y hoy, cuando intenta aparecer como el hombre dialogante, no hace más que confirmar que ha llegado a la escena cuando los estudiantes ya encendieron las alarmas y la oposición, como era previsible, ya tomó nota del vacío político. ‘Braca’ intenta apagar el fuego con frases vacías y evasivas: que si el OSFE investigará, que si el ex director Iván Arturo Pérez Martínez no era de Morena, que si la oposición busca tema… lo de siempre. En su afán por construir una candidatura rumbo al municipio de Centro, ‘Braca’ creyó que el silencio estratégico lo blindaba. Hoy confirma que fue una mala apuesta. La política no se hace con puertas abiertas, sino con pies en la tierra. Y él, por ahora, no ha dado ese paso.
