Carta Abierta
El escenario de la guerra Israel–Irán ha mostrado sin ambages la voluntad de Trump de involucrarse en conflictos de gran escala, y por eso el Gobierno mexicano debe tomar nota.
Trump se ufanó de haber atacado con éxito tres instalaciones nucleares de Irán, y luego hizo lo mismo la tarde del lunes, cuando anunció un alto total al fuego en Oriente Medio, evitando el estallido de la Tercera Guerra Mundial.
Esta intervención directa demuestra que, llegado el caso, Trump no teme actuar militarmente en escenarios complejos. Si estuvo dispuesto a bombardear objetivos estratégicos de Irán junto a Israel, no debe subestimarse la seriedad de sus advertencias hacia nuestro país.
Las amenazas de Trump trascienden un simple discurso de campaña. En los últimos meses su estrategia ha incluido medidas concretas: designar seis cárteles de la droga como “organizaciones terroristas”, amenazar con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas (y de paso a Canadá) si no se frena el tráfico de drogas e indocumentados, e incluso desplegar naves de guerra en el Golfo de México para vigilancia fronteriza.
Asimismo, la Casa Blanca ordenó a su bancada en el Congreso a gravar las remesas enviadas a México, lo que implicó la protesta de Claudia Sheinbaum.
Estas acciones evidencian que sus proclamas van más allá de un mero chantaje político, tal como lo demostró al involucrarse en la guerra Israel–Irán, poniendo al mundo al borde del colapso.
Más inquietante aún es la disposición de Trump para apoyarse en peces gordos del crimen organizado en sus presiones. Su estrategia incluye a antiguos capos colaborando con la justicia estadounidense (por ejemplo, el Mayo Zambada).
La aceptación en EE.UU. de familiares de El Chapo ha sido interpretada también como parte de ese rompecabezas para presionar a México.
Todo ello muestra que Trump podría aprovechar información de criminales para debilitar al Gobierno mexicano o solicitar extradiciones a cambio de concesiones.
No es casual que colaboradores suyos ataquen al Ejecutivo mexicano, como cuando la secretaria de Seguridad Interior de EE.UU., Kristi Noem (muy cercana a Trump), criticó a la presidenta mexicana, acusándola falsamente de alentar las protestas en Los Ángeles.
Este tipo de intercambios inflamatorios anticipan un clima bilateral tenso en los próximos meses, una vez que México vuelva a ocupar la atención de la Casa Blanca tras el fin, al menos temporal, del conflicto en Medio Oriente.
Sheinbaum debe prepararse para un vecino norteño más agresivo que toma en serio sus propias amenazas. Si Trump repite o intensifica su arsenal de presión desde diversos frentes el Gobierno mexicano se verá en dificultades.
Los asesores de Sheinbaum deben dejar de ver las advertencias como mera retórica, ya que el golpe a Irán muestra que el magnate actúa cuando cree que es necesario.
La defensa de los intereses nacionales exige ahora máxima atención y preparación diplomática.
