¡Muchas veces no sabemos la procedencia de las cosas que compramos!… ¡Me encantó este objeto, pero nunca imaginé lo terrorífico que fuera!… ¡Lo llevé a mi casa y afectó emocionalmente mi vida!
Ella es María Jesús, quien disfrutaba adquirir artículos de colección o antiguos porque es muy estudiosa de este tipo de objetos elaborados artesanalmente o que tienen una historia en su fabricación.
Doña María presume tener en su hogar un área donde exhibe con sus amistades diversos artículos que causan asombro, ya sea por el estilo, la conservación, el origen o el costo.
Manifiesta que, en algunas ocasiones, a su familia no le gusta determinado producto. Aunque es ella la que los selecciona y compra, por las diferencias de gustos ha tenido dificultades con la tenencia de algunos de ellos y los ha regalado para evitar conflictos en el seno familiar.
—No es que sea coleccionista —aclara doña María—, sino que simplemente me atraen algunas cosas y me agrada ser dueña de estos artículos que no son comunes.
Quien narra este interesante caso, al hurgar entre sus recuerdos, hace memoria de que hace varios años fueron a visitar a unos familiares a la Ciudad de México. Fueron todos en una camioneta muy cómoda.
Ya estando con los parientes en la capital del país, fueron a recorrer algunos tianguis para comprar diversos artículos y luego ir por las sabrosas barbacoas que son muy famosas. El recorrido se extendió a otras zonas, ya no solo de la Ciudad de México, porque los tianguis son muy frecuentes en distintos lugares de la periferia con el Estado de México.
De tal forma que llegamos a Chalco, y ahí, en uno de esos «tiraderos» en la calle, compramos algunas curiosidades. Entre ellas, me gustó un cuadro con un marco fabuloso, artesanal y con un fino acabado; desde la primera vez que lo vi, me atrajo ese sofisticado moldeado del trabajo.
Cuando ya volvimos a la entidad, revisamos lo adquirido y poco a poco fuimos depurando las cosas que trajimos; chucherías, desde luego, pero cada quien con su gusto.
Cuando ya todos se reincorporaron al trabajo o a la escuela, me quedé sola en mi casa y finalmente le dediqué tiempo a ese enigmático cuadro. Realmente, la imagen no era tan bonita, pero en cambio, el marco era lo que a mí me encantó.
Asegura doña María Jesús que pensó que en ese cuadro pondría una pintura de su hija, ya toda una profesional, y que para eso realmente había adquirido esa moldura tan hermosa. Limpió perfectamente ese artículo y colocó la imagen de su hija en esa madera labrada.
Dos noches después, al bajar a la cocina por un vaso de leche, escuchó voces y pequeños golpes en la pared de la sala. Le llamó la atención, pero pensó que era en la vivienda vecina, así que mejor se fue a la recámara y siguió durmiendo.
Al cuarto día, repitió la dinámica de ir por un vaso de leche y volvió a escuchar voces que no identificaba correctamente, porque realmente no se entendía lo que decían, sumado también a esos pequeños golpes en la pared.
En esta ocasión, se armó de valor y, decidida a saber qué sucedía, fue siguiendo el ruido provocado por esos suaves golpes. Lo primero que se le ocurrió fue que el ruido en la pared era de algunas salamandras. Pero, firme en su propósito de llegar al fondo, descolgó el cuadro y detrás no había nada. Fue a la otra parte de la pared y tampoco había nada. Entonces, ¿de dónde provenían esos golpes en la pared?
Dos días más se repitieron esas escenas y decidió platicarlo con una hermana, la cual de inmediato habló con una comadre que sabe de hechicería. Esta le pidió ir a verla para platicar de ese asunto, llevando el cuadro.
Doña María Jesús fue a visitar a la hechicera y le contó dónde compró ese cuadro, que eliminó la pintura que traía y que luego colocó la imagen de su hija graduada.
La sesión fue prolongada. Ahí, frente a ella, la hechicera quitó la foto de la hija de doña María y, al quedar solo el marco, empezó a hacer impresionantes invocaciones, a usar un sahumerio, diferentes hierbas impregnadas de aguas y alcohol, a hacer movimientos corporales y a pronunciar palabras indefinidas.
Llegó el momento en que, sin que ella se diera cuenta, en un espacio amplio, esa moldura de madera comenzó a arder y se quemó totalmente.
Doña María Jesús recibió la explicación de que ese cuadro había sido utilizado para hacer trabajos malignos a una persona, quedando impregnado de este tipo de energías, llamadas residuales.
Nuestra protagonista dejó de comprar este tipo de artículos; muchos los fue regalando, en tanto que otros los quemó para evitar más sorpresas.
¿Tiene usted en su casa artículos de los que no sabe su procedencia?… ¿Guarda productos con este tipo de fenómenos paranormales?… ¿Le agradan a usted estas energías residuales?
