CARTA ABIERTA
Por lo general, cuando se oye hablar de cumbres de aviación o eventos internacionales con títulos rimbombantes, el ciudadano común frunce el ceño y cambia de canal. ¿Qué pueden tener en común esas reuniones llenas de tecnicismos con los problemas diarios de transporte, inseguridad o precios altos? Y sin embargo, lo ocurrido en la Ciudad de México con el evento ‘ACI Airport Day’ tiene mucho más que ver con eso de lo que parece.
Este evento lo organizó el Consejo Internacional de Aeropuertos de América Latina y el Caribe (ACI-LAC), por primera vez en México. ¿El anfitrión? El exgobernador tabasqueño Carlos Manuel Merino, director general de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), quien cumplió su papel con orden, logística y visión.
Más allá del protocolo, el mensaje del 8 de julio fue claro: los aeropuertos regionales —esos que no suenan tanto como el Aeropuerto de la Ciudad de México, el AIFA, el de Cancún o el de Guadalajara— son importantes para el desarrollo económico de las regiones que los rodean.
En México, el 58% de los aeropuertos son de este tipo: son puntos de conexión que permiten que productos agrícolas lleguen más rápido a otros estados, que turistas accedan a sitios poco explotados y que familias enteras viajen sin tener que pasar por las mismas tres ciudades de siempre. Son, en pocas palabras, arterias que permiten oxigenar la economía local.
Y aquí es donde entra lo útil: en el ‘Airport Day’ se discutieron cosas concretas que, si se aterrizan bien, pueden mejorar la vida cotidiana. Por ejemplo, se habló de tecnologías para agilizar el paso de pasajeros, combustibles sostenibles para que volar no sea un pecado ambiental, y normas de seguridad que podrían evitar tragedias.
La presencia de funcionarios nacionales e internacionales (como la subsecretaria de Transporte, Tania Carro Toledo; el titular de la AFAC, Miguel Ángel Vallín Osuna, y Christopher Barks, director regional de OACI), así como representantes de aerolíneas y organismos multilaterales, sirvió para recordar que es hora de fortalecer lo que ya existe y darle funcionalidad a cada pista, a cada torre, a cada sala de espera.
Así que sí, de eventos como el ‘Airport Day’ salen planes para que los vuelos sean más accesibles, más seguros y más útiles para la gente común.
Por cierto, un día después, el 9 de julio, se evaluaron los avances en la modernización de la infraestructura para el suministro de combustibles en el aeropuerto de la Ciudad de México. El recorrido fue encabezado por Tania Carro Toledo, el Vicealmirante Eric Mario Barrera Villalobos, director del AICM, y Carlos Merino.
Esta supervisión forma parte de un esfuerzo más amplio que Claudia Sheinbaum impulsa con una inversión histórica de 134 mil millones de pesos para la modernización y ampliación de 62 terminales aéreas en el país durante el periodo 2025-2030, con el AICM como uno de los principales beneficiarios.
Este plan busca atender el crecimiento proyectado del 4% anual en el número de pasajeros y generar más de 200 mil empleos directos e indirectos.
Además, el ASA de Carlos Manuel Merino está renovando su parque automotor para el suministro de combustibles, con la adquisición de 40 nuevos vehículos en 2025.
Al observar la trascendencia de las actividades en el sector aeroportuario, se constata lo equivocados que estaban quienes, en su momento, calificaron la designación de Merino en ASA como un “cargo menor” para un exmandatario estatal.
Y es que, contrario a lo que suele pasar en cualquier Gobierno, el Capitán aviador sí tiene el perfil para ese cargo.
: LA RÚBRICA
Una decisión sensata desde el gobierno de Tabasco. Contra todo pronóstico y pese a los rumores que ya comenzaban a inflarse como globo de feria, Javier May optó por no construir un nuevo museo Olmeca, sino rehabilitar —con respeto y mesura— el Parque Museo La Venta, una joya cultural que ya tenía forma, alma e historia gracias a la visión de Carlos Pellicer Cámara. La amenaza no era menor. Se hablaba de mover las piezas originales, sustituirlas por réplicas de fibra de vidrio y poner a un arquitecto foráneo, Enrique Norten, a rediseñar lo que no pedía rediseño. Hubiera sido como maquillar una obra de arte con brocha gorda. Pero May escuchó la voz de los ciudadanos, la de académicos, ambientalistas, artistas y, sobre todo, la de quienes entienden que el legado de Pellicer se mide en una idea que supo armonizar piedra, selva y poesía. La rehabilitación, anunciada ayer por el gobernador, incluirá mejoras en el zoológico, atención a visitantes y protección a las piezas arqueológicas, sin talar un solo árbol. No es poca cosa. En tiempos donde la destrucción suele disfrazarse de progreso, se agradece que alguien en el poder decida conservar antes que imponer. May tomó la decisión correcta. Evitó una aberración cultural y honró a Pellicer con hechos, no con discursos. Que cunda el ejemplo en el resto de los gobernantes.
