LA AGENDA EN RED
Es inadmisible que en México sigamos permitiendo que procesos tan importantes como la selección de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hayan sido manipulados, manchados por prácticas de corrupción y compadrazgo que erosionó la confianza en nuestras instituciones.
La realidad que se reveló fue alarmante: un proceso electoral viciado, donde los «acordones» y la compra de votos parecieron ser la norma, no la excepción. Esto no fue democracia; fue una burla a la ciudadanía y un golpe a la soberanía popular.
La baja participación del 12-13% del padrón electoral, junto con la cantidad desproporcionada de votos anulados, muestra que la población está harta y desconfiada de un sistema manipulado desde arriba. La elección de personajes cercanos al poder, con vínculos políticos y profesionales que responden a los intereses del régimen, pone en duda la legitimidad de esos nombramientos. ¿Cómo podemos aceptar que las instituciones que deben administrar justicia y garantizar derechos sean resultado de arreglos políticos y prácticas corruptas?
La independencia del Poder Judicial está en entredicho, y con ello, la justicia misma.
No podemos seguir tolerando que la legitimidad de nuestros órganos judiciales hayan dependido de acuerdos cupulares, de compras de votos o de favores políticos. La ciudadanía exige transparencia, justicia y un proceso genuino, donde la voluntad popular sea respetada y reflejada en decisiones libres y limpias. Es hora de decir basta y exigir que nuestras instituciones sean verdaderamente democráticas, responsables y confiables.
La justicia no puede estar al servicio de unos pocos; debe ser un derecho de todos, y eso solo será posible si rompemos con esta corrupción y manipulación.
El ciudadano común tiene la palabra, esto todavía no está escrito.
