Reza un refrán: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».
Siembra un árbol por el bien de todos.
Columna: El Antídoto
No se necesita ser nutriólogo para darse cuenta de que el problema de la obesidad en México sigue aumentando de manera alarmante y que de muy poco sirvió la mentada ley en contra de la comida chatarra, que prohíbe la venta de todo tipo de botanas, refrescos y alimentos con alto contenido de grasa en los planteles escolares públicos y privados. Esto no es un asunto de leyes, sino de las familias.
Esta «ley» está haciendo más ricos a los ricos
Esta ley ha afectado a las cooperativas y cafeterías escolares, obligando al personal docente y a los alumnos a salir a comprar lo prohibido a las tiendas de conveniencia, abarroteras, farmacias y grandes almacenes. Lo más absurdo es que pueden ingresarlos sin ningún problema. ¿Entonces, dónde está la famosa prohibición?
No es en sí la comida chatarra
Esta, como otras leyes, ha sido un fiasco, porque ahora venden lo que antes era gratis, como las bolsas de plástico. Pero, en sí, no es la comida chatarra la culpable del aumento de la obesidad, sino el sedentarismo en las familias y la falta de un programa obligatorio de actividades físicas diarias en los planteles escolares.
Ni quienes la promulgaron la acatan
Dice el refrán que «el buen juez por su casa empieza», pero aquí, ni las familias de quienes votaron a favor la respetan. Por lo tanto, se hace un llamado a la gente de escasos recursos para que surtan sus despensas con carnes, huevos, frutas y verduras; algo tan ilógico como la tan cacareada ley, ¿verdad?
Así que… usted dirá.
