CARTA ABIERTA
Las sorpresas nunca sobran. El reciente protagonismo del diputado federal priísta Erubiel Alonso llamó la atención, no sólo por el tono enérgico de sus acusaciones contra Hernán Bermúdez Requena y Adán Augusto, sino por el giro inesperado que significó en su propio discurso.
¿Cómo se explica que alguien que hoy exige aplicar todo el peso de la ley contra el exsecretario de Seguridad de Tabasco, hubiera tenido, según versiones de testigos, cierta cercanía con él en años pasados?
¿Es verdad que, durante su etapa como dirigente estatal del PRI, entre 2013 y 2017, Erubiel compartía reuniones de convivencia con Hernán Bermúdez?
Se dice que, al salir de la dirección del CRESET y dedicarse a negocios privados, Bermúdez recibía invitados en su casa del Campestre, donde tenía una cancha de frontón. Las fuentes aseguran que los martes y jueves ahí jugaba con el entonces presidente del tricolor tabasqueño.
¿Se trata de una exageración de pasillo político o de un recuerdo incómodo que hoy cobra relevancia?
Si esas reuniones existieron, ¿qué peso tuvieron en la dinámica del PRI tabasqueño de aquellos años? Vale la pena preguntarse si esa cercanía influyó en la decisión de postular a José Eduardo “Cuco” Rovirosa a la alcaldía de Macuspana, y si a cambio hubo algún beneficio en la asignación de obra pública.
Otra duda razonable: ¿fue casualidad que Jorge Lazo Zentella, un personaje señalado como próximo a Bermúdez, ocupara la Secretaría de Acción Electoral durante la dirigencia de Erubiel Alonso?
No se trata de acusar, sino de abrir preguntas legítimas. Si todo esto es falso, ¿no sería mejor que el propio Erubiel lo aclarara directamente? Porque lo que resulta extraño es el cambio brusco de discurso.
Pasar de compartir espacios de convivencia —si es que así fue— a convertirse en un crítico implacable de Bermúdez y, de paso, de Adán Augusto, levanta muchas cejas. ¿Qué ocurrió en ese trayecto político para dar un giro de 180 grados?
En los pasillos priístas de la casona de 16 de Septiembre se comenta mucho sobre esta historia. Algunos lo recuerdan como un vínculo menor, de simple amistad de fin de semana. Otros, como una relación más constante.
La cuestión de fondo es simple: si el diputado federal tabasqueño quiere que su voz tenga plena credibilidad en la exigencia de justicia, ¿no conviene que despeje antes estas dudas sobre su pasado? ¿Qué habría de malo en reconocer si conoció a Bermúdez, aunque sólo fuera en el frontón? ¿O en aclarar si esa relación nunca existió más allá de lo que hoy se murmura?
La política es también memoria, y el archivo vivo de los priístas tabasqueños no olvida. Quizá Erubiel tenga la oportunidad de responder con claridad. Nadie lo acusa de algo ilicito, pero sí queda la duda de que sus palabras actuales choquen con su propia historia política.
