¡Se encienden luces sin ser manipuladas! ¡Se ven sombras cuando el local está cerrado! ¡Se escuchan voces de personas cuando yo estoy solo! Tuve muchas ganas de renunciar a mi trabajo, no me fuera yo a enfermar.
Cuando don Fernando comenzó a narrar su espeluznante experiencia, dice que de solo recordar esas vivencias se «le pone la piel de gallina» al revivir esas cosas que sucedían durante el turno de vigilante que él tenía a su cargo.
Manifiesta que ese trabajo no duró mucho tiempo, pues tuvo suerte de encontrar esa chamba porque era muy difícil por su edad, pero debido al alto índice de inseguridad en la entidad, su vigencia laboral solo fue de casi dos años. Hoy ya está retirado y con su correspondiente pensión.
El entrevistado subraya que la ventaja de encontrar ese trabajo fue por su estatura y complexión física, y siempre se mantuvo en buenas condiciones.
Destaca el relator que hoy hay toda una avalancha de inversiones asiáticas, en su mayoría con la distribución de artículos manufacturados de diferentes países, pero en especial de China, con sus productos clonados con precios accesibles y en muchas ocasiones de buena calidad.
Estos empresarios asiáticos no le ponen pretextos a nada, porque no obstante ser una tierra de producción petrolera, tienen de nosotros en el exterior la idea de que creen que todo mundo tiene mucho dinero, y por tal noticia muchas propiedades se han elevado hasta el cielo (literal) en cuanto a la venta de espacios estratégicos para transformar este tipo de comercios en la entidad y todo México.
Don Fernando, sin ser perito inmobiliario, puede tener la curiosidad de ver cómo algunas viviendas abandonadas han sido vendidas a precios exorbitantes, y ahí se han acomodado, con muchos arreglos de construcción, famosas tiendas con la especialidad de la distribución de productos chinos.
Se puede decir, argumenta don Fernando, que a estos inversionistas no les interesa el pasado de casas o terrenos que adquieren, porque ellos vienen con un gran capital y lo único que les interesa es multiplicar al máximo, y la historia de esas propiedades sale sobrando… o no creen en ese tipo de leyendas o entierros de objetos esotéricos… la lana es la lana y cualquier cuento… en eso queda… ¡solo cuento!
Para no hacer más larga la historia, don Fernando entra al tema de su relato y dice que cumplía a diario con su recorrido en los diferentes departamentos de esa gran tienda china, ya sea para evitar robos, desorden de artículos o en apoyo del personal departamental.
En ocasiones había zonas vacías o con muy pocos clientes, de tal manera que podía supervisar los sectores con el desplazamiento en «los cuadrantes» dentro de dichas instalaciones.
Hubo veces que en determinado departamento no había un solo cliente, pero de todas maneras tenía que recorrer.
En eso andaba, cuando del otro extremo de esa área vi a una mujer y me encaminé para ver mejor su cara, pues desde ese ángulo no era total la panorámica, porque en la trayectoria visual estaban algunos aparatos eléctricos que tapaban la imagen.
Al llegar al sector, la fémina no estaba… la busqué y no supe a dónde se cambió de lugar… insisto y de nuevo busco un punto de apoyo para localizarla y la veo más adelante, cerca de unos anaqueles de ropa para mujer… y me dirijo hacia allá… ¡pero se vuelve a esfumar! ¡No la encuentro!
Ante tal situación me quedo inmóvil en un lugar y me inclino para escudriñar entre anaqueles con artículos varios para tratar de ubicarla y divisar sus extremidades inferiores e identificar si porta vestido o pantalón y su color… porque por arriba ya era muy difícil… y por esas razones estaba atento a la salida del departamento y tratar de localizar su imagen.
Don Fernando hace una pausa en su relato para explicar que no quiso comunicarse por radio con su compañero de empresa para evitar caer en el pánico o llamar la atención.
Llegó el momento, dice don Nando, que se dio por vencido, pues la búsqueda resultó infructuosa… ¡pero guardó silencio! ¡A nadie dijo nada! ¡Esa situación ya la había experimentado en meses anteriores! ¡Pero no le había dado seguimiento a dicha presencia! ¡Ahora que puse mayor atención y dedicación, las cosas no resultaron como yo creía!
Fue hasta los cinco días posteriores a ese hecho cuando, a cierta distancia de mi punto de vigilancia, miré al área de series de luces, reflectores, lámparas y candiles que se encendieron, y de inmediato fui al lugar… ¡pero tampoco había ningún cliente! Hice una revisión exhaustiva pero no encontré a nadie, y luego se aproximaron nuevos clientes y disimuladamente me retiré del área para no llamar la atención.
En otra ocasión vi movimientos extraños en otras zonas, pero ahora traté de no acelerarme y me encaminé tranquilo para calcular llegar a donde había detectado cierta actividad… ¡tampoco encontré a nadie! Luego llegaron otros clientes y mejor me alejé discretamente.
Días después, sostiene don Fernando, platicando con otro colega vigilante, hablamos de la transformación de ese establecimiento y él me proporcionó mayor información de la actividad anterior de las construcciones remodeladas. Se trató de dos viviendas antiguas de dos familiares, un hombre y una mujer, que tenían la disputa de una herencia, concluyendo en conflicto de vida o muerte. Recurrieron a la hechicería entre ellos mismos. Tan grave fue la situación que hasta «entierros» hubo de ambas partes. Finalmente, los herederos de ambas personas se pusieron de acuerdo y vendieron rápidamente ante las ofertas tentadoras de los asiáticos.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales suponen que, aunque hubo modificaciones a las construcciones, pudieron quedar «entierros» muy fuertes en esos terrenos y quedaron esas energías residuales, o dichos trabajos de santería fueron de alto nivel… aunque usted no crea en estas cosas de lo sobrenatural.
