La Agenda en Red
En México, el desabasto de medicamentos no es una falla técnica: es una traición silenciosa. Cada receta no surtida, cada hospital sin insumos, cada paciente que espera lo indispensable para vivir, revela una ausencia profunda de liderazgo ético. No hay rostro, no hay voz, no hay voluntad. Solo silencio institucional y burocracia que mata.
Mientras tanto, en otro rincón del país, una figura emerge con discreción pero con peso simbólico: Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo de una memoria que aún duele, pero también inspira.
En la asamblea nacional de autoridades municipales de Movimiento Ciudadano, Colosio Riojas no se destapó como candidato, pero sí como posibilidad.
Su discurso no apeló al espectáculo, sino a la reconstrucción: “No para dejar el pasado atrás, sino para honrarlo con acciones en favor del futuro”.
Ese contraste es brutal. Mientras el poder actual se diluye entre excusas y omisiones, hay quienes (desde lo local) comienzan a construir con vocación pública. No con promesas vacías, sino con memoria, estabilidad y sentido de justicia. Colosio Riojas no representa una solución mágica, pero sí una pregunta urgente: ¿qué tipo de liderazgo necesitamos para enfrentar el desabasto, la negligencia y la erosión de derechos?
¿Uno que administre el daño o uno que lo repare?
México no necesita más figuras carismáticas sin compromiso. Necesita liderazgos que entiendan que gobernar es cuidar.
Que la memoria no es nostalgia, sino direccion. Y que el desabasto no se resuelve con discursos, sino con dignidad.
