CARTA ABIERTA
Marco Rubio vino con un encargo claro: definir que la lucha contra los cárteles será un esfuerzo conjunto. El mensaje de fondo es: Washington quiere a México como socio real en una cruzada que entierra los apapachos.
Tras bambalinas, se habla de la entrega de políticos vinculados al crimen organizado como parte de los acuerdos. Según trascendió en la prensa estadounidense, en Palacio se comenta que Rubio pidió acelerar las acciones contra los llamados narcopolíticos. Este acuerdo significa un viraje de fondo: golpear las redes criminales en donde más duele, sus bolsillos y sus vínculos de cuello blanco.
Este entendimiento deja atrás la política de López Obrador, criticada frente a la expansión de los cárteles. Sheinbaum estrena una estrategia distinta: cooperación abierta con Estados Unidos, intercambio de inteligencia, sanciones económicas y acciones legales contra los carteles. En pocas palabras, se acabó la indulgencia.
Un gran acierto para Sheinbaum: garantizar la soberanía. Exigió que en los documentos firmados apareciera el principio de “cooperación sin subordinación”.
En medio de los discursos en Washington que pedían incluso acciones militares directas, el gesto es trascendente. La presidenta se anotó aquí un tanto: logró que la Casa Blanca acepte la importancia de la soberanía mexicana en un acuerdo de seguridad binacional.
Sheinbaum puede presentar este acuerdo como un triunfo político. Mantuvo la narrativa de soberanía y logró refrendar su propio plan de seguridad, con Omar García Harfuch, distinta de la de su antecesor. Washington aceptó y reconoció, en otra victoria para la presidenta, que parte del problema es el tráfico de armas desde EE.UU.
Pero hay otro elemento de lectura. Esta cooperación se da en medio de un tablero internacional convulso. Con Rusia, China e India consolidando alianzas que desafían la hegemonía de EE.UU., y con la crisis de Venezuela tensando el continente, Trump necesita mantener firme a su bloque regional. De ahí la urgencia de amarrar a México. Lo que hay es la necesidad geopolítica de Washington de no perder a su vecino del sur.
A pesar de lo anterior, Trump, fiel a su estilo, no dejó pasar la oportunidad de lanzar críticas en la antesala de la reunión. Aseguró que las autoridades mexicanas están “aterrorizadas” por los cárteles. Sheinbaum respondió con cautela, rechazó el señalamiento, pero optó por subrayar la buena relación bilateral. Lo importante, insistió, es que ambos gobiernos coinciden en enfrentar juntos una amenaza común.
El saldo de la visita de Marco Rubio: México y Estados Unidos compartirán información de inteligencia, y también se comprometen a perseguir flujos financieros ilícitos, frenar el tráfico de armas y desmantelar redes políticas al servicio del crimen.
Rubio habló de cooperación “histórica” entre ambas naciones. Los hechos hablarán.
