La Agenda en Red
Quiero reconocer al periodista Pascal Beltrán del Río por su columna reciente, donde describe con claridad el regreso del poder centralizado en México y la sumisión de los gobernadores, incluso de aquellos que se dicen opositores.
La frase del gobernador de Durango —“Soy priista, pero por convicción soy claudista”— no solo revela pragmatismo político: exhibe una renuncia a la dignidad institucional.
¿Desde cuándo ser oposición significa alinearse sin cuestionar?
¿Desde cuándo se premia la obediencia en lugar de la responsabilidad democrática?
Como ciudadano, como periodista, como alguien que cree en la pluralidad y la rendición de cuentas, me preocupa profundamente esta normalización de la docilidad.
No se trata de confrontar por confrontar. Se trata de defender principios, de representar a quienes votaron por una alternativa, de evitar que el país regrese a un modelo donde todo se decide desde el Centro.
La política mexicana no puede reiniciarse como si no hubiéramos aprendido nada.
La figura del gobernador debe ser contrapeso, no peón.
Y el silencio de la oposición no es prudencia: es complicidad.
Gracias, Pascal, por encender la conversación.
Ahora toca a nosotros sostenerla con firmeza, con ética y con memoria.
