La Agenda en Red
Se quebró el ritual republicano. Por segundo año consecutivo, Sinaloa cancela el Grito de Independencia. No por lluvia, no por pandemia, sino por algo más profundo y corrosivo: el crimen organizado ha tomado el micrófono de la historia y ha dictado silencio.
Durante semanas, el gobierno estatal aseguró que “ya había condiciones de seguridad”. Pero bastaron unos días de ataques armados, bloqueos viales, quema de inmuebles y diez asesinatos para que el discurso se desplomara.
Lo que se prometía como fiesta patria terminó en toque de queda. Y lo que se vendía como gobernabilidad quedó reducido a un acto de supervivencia.
La impostura no es nueva, pero esta vez se volvió ritual.
El gobernador Rubén Rocha Moya, militante de Morena y defensor de la narrativa oficial, tuvo que admitir lo que el pañuelo blanco de AMLO nunca quiso reconocer: que el contubernio entre gobierno y crimen organizado no solo existe, sino que impone agenda, calendario y silencio.
Ahora el CO no solo controla territorios: ahora cancela símbolos.
El Grito, ese acto patriótico que nos recuerda que México nació rebelde, fue suspendido por miedo. Y en ese miedo, se revela una verdad incómoda: la soberanía que tanto nos venden, ya no se grita, sino se negocia.
Hay que tener en cuenta que la patria no se celebra cuando la plaza está vacía. Y que cuando el Estado cede el espacio público al crimen, no estamos ante una excepción: estamos ante una nueva normalidad. Una donde el silencio no es prudencia, sino derrota. Derrota que lastima.
