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En Tabasco, donde el poder se recicla y la crítica se castiga, Roberto Madrazo volvió a hablar. Lo hizo en Telereportaje, con la serenidad de quien conoce el poder, pero no lo necesita. Su entrevista no fue un acto de nostalgia, sino de vigencia crítica.
Madrazo no habló para reconciliarse con el presente, sino para recordarle al país que la política no puede seguir siendo espectáculo. Cuando Emmanuel Sibilla le planteó que él y López Obrador eran “igualitos”, Madrazo respondió sin titubeos:
“No somos iguales. Él tiene una visión mesiánica del poder; yo creo en la técnica.”
La frase no es sólo un contraste personal, es una declaración institucional.
Sobre Claudia Sheinbaum, fue directo:
“No la veo con ganas de sacudirse la sombra de López Obrador.”
Y sobre Javier May, aún más claro:
“No hay resultados. Hay propaganda, pero no hay gobierno.”
Madrazo no se escuda en terceros. Negó estar detrás de Latinus y reafirmó:
“Lo que sí estoy detrás es de la verdad.”
Al hablar de su formación, evocó a sus padres, don Carlos Madrazo y Graciela Pintado:
“Mi padre fue severo, pero justo. Me enseñó que el poder se respeta, no se presume.”
Una frase que no sólo honra la memoria, sino que explica el temple.
La entrevista también tocó fibras personales, pero nunca se desvió del eje público. Madrazo habló de Carlos Hank González, de los hechos de Plaza de Armas en 1995, y de la necesidad de recuperar la técnica en el ejercicio del poder.
“La técnica ha sido desplazada por la ocurrencia. Y eso tiene consecuencias.”
En tiempos donde la crítica se castiga y la memoria se borra, Roberto Madrazo representa una voz incómoda pero necesaria. No busca reconciliación con el poder, busca reconciliación con la verdad. Y eso, en Tabasco, sigue siendo útil.
