La Agenda en Red
En el discurso oficial del gobierno actual, se culpa a los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto de haber endeudado a Pemex de forma irresponsable. Pero más allá de la narrativa política, es necesario entender cómo se construyó esa deuda, qué tipo de créditos se utilizaron, y cómo se diferencia del modelo financiero que hoy se aplica.
Felipe Calderón (2006–2012): deuda estructural sin inversión productiva
• Deuda inicial: 46 mil millones de dólares.
• Deuda final: 60 mil millones de dólares.
• Destino: Gasto corriente, subsidios y pasivos laborales.
• Resultado: Caída en producción de gasolinas y petroquímicos. No se fortaleció la infraestructura ni se diversificó la operación.
Calderón heredó una empresa con problemas estructurales y optó por sostenerla sin transformarla. La deuda creció, pero no se tradujo en inversión productiva.
Enrique Peña Nieto (2012–2018): deuda explosiva con reforma energética
• Deuda inicial: 60 mil millones de dólares.
• Deuda final: 105 mil millones de dólares.
• Destino: Supuesta modernización e infraestructura. Gran parte se desvió o se perdió en corrupción.
• Resultado: Producción de gasolinas cayó de 718 mil barriles diarios en 2012 a 324 mil en 2018. La petroquímica se desplomó.
Peña Nieto apostó por una reforma energética que prometía abrir Pemex al capital privado. El resultado fue una gran deuda y una caída operativa histórica.
Gobierno actual (AMLO–Sheinbaum): eurobonos estructurados y presión silenciosa
• Deuda heredada: 105 mil millones de dólares.
• Presión actual: Pemex debe cubrir 25 mil millones de dólares en vencimientos entre 2025 y 2026.
• Mecanismo: Emisión de eurobonos por 12 mil millones de dólares, canalizados vía fideicomiso. Se compraron bonos del Tesoro de EE.UU. como respaldo.
Narrativa oficial: No se endeuda más a Pemex, sino que se “respalda” con estructuras financieras. Se espera que Pemex sea autosuficiente en 2027.
Este modelo no incrementa directamente la deuda, pero sí compromete recursos públicos en esquemas financieros complejos. Es una forma de sostener a Pemex sin admitir que necesita ayuda externa.
¿Y el ciudadano?
Más allá de cifras y modelos, el ciudadano paga las consecuencias: menos inversión pública, más presión fiscal, y una empresa que sigue sin ser rentable. La deuda de Pemex no es solo un problema contable, es una herencia política que exige transparencia, responsabilidad y una reforma energética real.
(Datos obtenidos de: El Imparcial, El CEO, Expansión, El País, MSN Dinero.)
