Desde acá
UNO. Ha sido, en el tiempo, un círculo imparable repoblar a Tabasco de árboles diversos. Supongamos que no vicioso. El círculo, empero, ahora mismo tiende a cerrarse, en buena hora. ¡Que así sea!
DOS. La información, emotiva, fue sembrada en computadoras que lucían motivantes verdes de un día, para sorpresa de todos los sentidos.
TRES. Nadie tendió palotadas de dudas, dado que ello tuvo sustento en recursos económicos etiquetados y, por supuesto, sobre un plan de desarrollo compartido entre proveedor y sembradores.
CUATRO. Pasados meses, tantísimos árboles sirvieron para maldita la cosa, a simple mirada de caminantes.
CINCO. Dicho sin ánimos de herir susceptibilidades, a que somos tan dados, tamaño círculo no pudo llegar a su meta.
SEIS. Para quienes vivimos en Tabasco, ninguna novedad es que ciertos árboles se reproducen solos y su alma, como, digamos, la madre ceiba, de distinguida presencia todavía.
SIETE. Y así por el estilo tantos y tantos vegetales, que sería prolijo enumerar.
OCHO. Nada desperdigada es la expresión de que si en Tabasco siembras piedras, retoñan; así la prodigalidad, gracias a la combinación terreno-agua.
NUEVE. Pero, cómo pudo ser: igual que nos pasó con el agua, no menos ha ocurrido con los árboles.
DIEZ. Cuántos, entonces, nos hemos preguntado, que salvo plataneros, ¿por qué otros sitios de México aprovechan más y mejor el agua que en Tabasco?
ONCE. Usos y costumbres, podrán contar rosarios, según la ocasión y el encargo, menos negar que la indiferencia hizo de las suyas.
DOCE. Indiferencia celebrada con el rabillo del ojo, a partir de ejemplos cotidianos.
TRECE. ¿Acaso el comportamiento de un árbol en su todo, de tronco a ramas y hojas es igual proveyéndole de atenciones y agua que dejarlo a la seca de Dios?
CATORCE. Sin observaciones acuciosas, ya se ve que la hoja que recibe agua en la noche, amanece con otro semblante a corto plazo.
QUINCE. Ninguna planta es Tabasco es demasiado exigente ni encarece su mantenimiento.
DIECISEIS. Cosa es de hacer el firme propósito, convertido en hechos, de que la mata reciba cuidados elementales, a sabiendas de que a pocos años podrán verse resultados que animan al buen sembrador
DIECISIETE. Rodar el círculo sexenal no entraña de ninguna suerte marcarlo, dije antes, de vicioso.
DIECIOCHO. Pero, sin adjetivo, salir de aquello que fue sembrar y mandar al diablo, no tenga por qué repetirse.
DIECINUEVE. Por tales antecedentes, hemos de aceptar que también de malos ejemplos se aprende.
VEINTE. Y el aprendizaje ha de aprobarse, prontito, luciendo a Tabasco a la medida de la naturaleza en que tierra y agua se lleven de maravilla, con árboles que, bien cuidados, veamos pegar y crecer, junto a nuevas generaciones.
