PARTE I
Estimados paisanos:
Inicio esta serie motivado por la atinada iniciativa de la nueva administración de gobierno 2024-2030 para prepararse ante las eventuales consecuencias que los fenómenos climatológicos puedan ocasionar en nuestro territorio.
Que bueno y ojalá vayamos más allá, porque como reza un dicho: “más vale prevenir que lamentar”, pero en el pasado poco caso se hizo de la sabiduría popular.
Por ejemplo, la increíble ceguera y sordera de la comunidad científica y gubernamental ante las advertencias de Bill Gates y otros especialistas epidemiólogos durante años para estar preparados para un virus potencialmente contagioso que costaría muchas vidas, a pesar de reiteradas alertas no hicieron nada para evitarlo.
Hoy todavía estamos tratando de descifrarlo, por ignorarlo nunca se dimensionó que llegaría a ser una pandemia que colapsaría los mercados bursátiles, el comercio mundial, el petrolero y la economía, con grandes consecuencias en la sociedad mundial.
No caigamos en las mismas omisiones. Que no se nos olvide cómo llegamos a la tragedia de la inundación del 2007, a la que nos llevó una cadena de errores como fueron: el no escuchar las advertencias de los expertos -como Iván Restrepo en el año 2000-, “la permisibilidad a la construcción de centros comerciales e infraestructura y fraccionamientos urbanos que destruyeron el sistema de regulación hidráulico de la ciudad de Villahermosa, el mal manejo del sistema de presas, la marea alta, la construcción de diques, y la deforestación imparable de la selva tabasqueña y chiapaneca” (Wikipedia).
Esa tragedia se pudo prevenir a bajo costo pero no, no hubo poder humano que llevara a la sensatez de privilegiar el conocimiento y la prevención de desastres.
Algunos de ellos, como las contingencias ambientales en particular esta del 2007, sólo muestran la fragilidad de nuestros conocimientos para predecir el futuro basándose en el pasado, la falta de ellos y el engaño sobre la calidad de estos conocimientos, el desestimar a la planeación y la omisión de los gobiernos en la prevención de desastres o eventos de alto impacto.
Espero que estas lecciones que nos da la vida nos sirvan para ponernos por delante de posibles sucesos, algunos naturales, como la probabilidad del incremento del nivel del mar que inundaría gran parte de nuestras costas ante los efectos del cambio climático; y las inundaciones catastróficas por fenómenos hidrometeorológicos cuyos ciclos no son tan largos, así como sequías e incendios forestales que pueden impactarnos profundamente, como ya se ha visto en otros años.
También hay otros, como un accidente en el trayecto de los miles de kilómetros de oleoductos y gasoductos que atraviesan nuestro territorio -muchos de ellos pasan por zonas urbanas-, cuyo alcance sería devastador en la población.
Más vale que con estas experiencias nuestras autoridades, comunidad académica y científica, especialistas, investigadores y organizaciones de la sociedad civil, hagamos un ejercicio de imaginación en el que podamos poner sobre la mesa de discusión eventos que se nos pueden presentar más allá de nuestras expectativas normales; para que nos preparemos o enfoquemos en lo que no sabemos de ellos que es más que lo que sabemos, porque el hubiera no existe.
Sólo nos queda, ante estos eventuales sucesos que son poco predictibles y de gran impacto, salir del evidente estado de ceguera en que hemos estado y robustecer nuestros conocimientos, porque ya sean negativos o positivos alterarán todo orden establecido que tengamos y modificarán nuestras conductas irremediablemente.
Es mejor ocuparnos por ahora en hacer las cosas diferentes y no preocuparnos después por tapar el pozo cuando el niño ya se ahogó.
Les escribiré pronto.
