CARTA ABIERTA
El «relanzamiento» del Partido Acción Nacional, bajo la dirección de Jorge Romero Herrera, ha sido percibido por los analistas nacionales como una fracasada puesta escénica, con un gasto de alrededor de 15 millones de pesos, que busca simular una renovación profunda.
A pesar de la presentación de un nuevo logotipo, la promesa de «apertura total» a la ciudadanía, y el anuncio de la ruptura de la alianza con el PRI, los analistas y la opinión pública lo han calificado como un «cambio cosmético, no de fondo».
La persistencia de las mismas figuras que lideraron las derrotas electorales de 2018 y 2024 (Marko Cortés) hace que el intento de renacimiento quede en reciclaje. Esta falta de renovación fue blanco de burla; la dirigente de Morena, Luisa Alcalde, ironizó sobre «las mismas caras».
Lo más preocupante es la nula autocrítica. Jorge Romero no reconoció la pérdida de confianza ni de credibilidad ante el electorado. Al intentar adoptar retóricas de populismo blando, como «poner la piel» por México, el PAN cayó en un «mimetismo ideológico» con sus adversarios, sin ofrecer una visión clara de país. El partido, históricamente asociado a los «moches», sigue sin conectar con el sentir del ciudadano de a pie.
El escepticismo alcanza a sus propios líderes históricos. El expresidente Felipe Calderón, que no asistió al evento, condicionó su posible regreso a la política activa a que el PAN demuestre una apertura ciudadana real. Calderón insistió en que el partido necesita un «proceso de rescate de su identidad» basado en tres reconciliaciones: defender sin vergüenza sus ideas y principios (libertad económica y política), reivindicar los gobiernos panistas que fueron «buenos» y, sobre todo, dejar de ser un «botín político» para reabrirse a los ciudadanos. Para Calderón, la elección intermedia de 2027 será la «prueba de vida» del blanquiazul.
Al romper la alianza con el PRI, el PAN se libera de una «marca» que le causaba negativos, pero su apuesta de «todo a sí mismo» en un contexto de Morena hegemónico agrava su marginalidad.
Este relanzamiento cosmético subraya que la derecha está lejos de ser un contrapeso efectivo. En un entorno de debilitamiento institucional, donde los gobiernos morenistas han apostado a avasallar, la superficialidad del PAN solo confirma el vacío opositor, condenándolo a ser un partido «residual», sin liderazgo creíble.
Y sí, con incompetentes como su presidente Jorge Romero, el blanquiazul juega a ser oposición. Pero la verdad es que su relanzamiento ha dejado una imagen de falta de liderazgo y de rumbo, tanto que no ofreció una sola idea para enfrentar al oficialismo.
