CARTA ABIERTA
Lo que se vio y escuchó en la comparecencia de Omar García Harfuch en el Senado fue la confirmación de un viraje en materia de seguridad que ya nadie puede disimular. El titular de la Secretaría de Seguridad se presentó con números duros —27 homicidios menos diarios, 35 mil detenidos por delitos de alto impacto, casi 100 millones de litros de combustible asegurados—, pero, sobre todo, con una narrativa distinta: la de la fuerza del Estado recuperando terreno.
La sesión con motivo del análisis del Primer Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo momentos de alto voltaje. Uno de ellos fue la intervención del senador del Partido Verde, Luis Armando Melgar, quien sin rodeos declaró que la estrategia de “abrazos no balazos” fracasó porque “se confundió la empatía con la impunidad”.
Melgar, miembro de la 4T, marcó distancia con el pasado y reconoció que la administración de Sheinbaum está corrigiendo el rumbo. Fue un golpe directo a la herencia del pasado sexenio, un mensaje que ningún senador del bloque oficialista había pronunciado tan abiertamente.
El eco no se limitó al Verde. Desde la oposición también hubo gestos de respaldo. El panista Agustín Dorantes Lámbarri reconoció avances en la lucha contra el crimen y ofreció una oposición “crítica pero propositiva”, mientras que la senadora de Movimiento Ciudadano, Alejandra Barrales, fue aún más lejos: admitió que la herencia de los abrazos fue pesada, pero que ahora “el gobierno ha dejado de ser un simple espectador para enfrentar de manera frontal a los criminales”. Es decir, por primera vez en muchos años, senadores de distintos partidos coincidieron en algo: la estrategia de Harfuch es el nuevo punto de partida.
El propio ‘Batman’ reiteró que no se trata de cantar victoria, sino de dar resultados medibles. Y para sostener su discurso, aprovechó para informar la captura de otro implicado en el asesinato del productor limonero Bernardo Bravo en Michoacán, en respuesta a una pregunta de Luis Donaldo Colosio, senador de Movimiento Ciudadano. Harfuch subrayó que las operaciones continuarán “hasta detener a todos los responsables”.
Hoy, el exjefe de la policía capitalina se ha convertido en el hombre más poderoso del gabinete, por su cercanía con la científica, y por su excelente comunicación con el gobierno de Donald Trump. Ese detalle lo coloca en una posición privilegiada dentro del tablero político y lo hace oler, desde ahora, a presidenciable.
Sin embargo, el camino no es sencillo. Harfuch no sólo enfrenta a los cárteles, sino también a las resistencias internas de Morena, donde aún persisten cómplices de los abrazos. Por eso necesitará todo el respaldo de la científica, porque en solitario no podrá sostener esta guerra. Si fracasa, el país regresará a la pesadilla de los abrazos.
