La administración del presidente Donald Trump abordó el tema de la escalada de violencia en México, específicamente tras el reciente asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán. La Casa Blanca emitió una condena general a la violencia política en la región, pero su vocera, Karoline Leavitt, mantuvo una postura evasiva respecto a la posibilidad de una intervención militar estadounidense contra los cárteles de la droga.
Durante una conferencia de prensa, Leavitt fue interrogada sobre informes de prensa que especulan con que el presidente Trump podría tener planes listos para operaciones militares dentro de territorio mexicano, con el objetivo de desmantelar a los cárteles que él ha calificado de «narcoterroristas».
«Eso es algo que no puedo confirmar desde este podio si fueran a ocurrir, por eso no puedo comentar al respecto», declaró Leavitt de forma contundente.
La portavoz confirmó que el gobierno de Trump está al tanto del homicidio de Manzo y expresó: «Por supuesto condenamos toda la violencia política en cualquier lugar y en todas sus formas». A pesar de la gravedad del crimen, la administración evitó confirmar cualquier acción militar potencial de EE. UU. en respuesta directa a la crisis de seguridad.
Leavitt destacó la relación con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, señalando que el presidente Trump le tiene «mucho respeto» y «aprecia la coordinación que provee al gobierno [estadounidense]». Este comentario surgió en respuesta a las declaraciones previas de Sheinbaum, quien rechazó explícitamente cualquier posible intervención militar de Estados Unidos en México, aunque aceptó el intercambio de inteligencia bilateral.
La vocera concluyó que el presidente continuará presionando a México para que incremente sus esfuerzos contra el tráfico de drogas y los cárteles en su país, y mencionó que Trump tiene a su disposición una «amplia gama de acciones ejecutivas» para combatir el problema, sin dar detalles sobre si estas implicarían el uso de fuerzas armadas en el extranjero.
