En la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) se consumó, con desaseo político y total descaro, una intromisión abierta del rector Guillermo Narváez Osorio en el proceso interno del Sindicato de Profesores e Investigadores (SPIUJAT), con el claro propósito de garantizar la tercera reelección de Melchor Hernández Hernández, un dirigente que acumula ya seis años al frente del gremio y que busca extender su control por un periodo más, a costa de cualquier principio democrático.
El 3 de noviembre, en el Teatro Universitario, se llevó a cabo una asamblea que debía ser un procedimiento de trámite, pero se convirtió en un espectáculo de imposición. Acompañado de funcionarios, administrativos y profesores alineados con la rectoría, Melchor Hernández operó para colocar a su grupo en la Comisión Electoral, órgano que lanzó una convocatoria a modo y validará una elección, el próximo viernes 7, marcada por el sello de la ilegalidad.
Entre las designaciones impuestas figuran las profesoras Dulce Juliana Gallegos y Greta Serrano, enviadas directamente por el rector para presidir y secretariar la Comisión.
El mensaje es inequívoco: el rector Narváez, lejos de respetar la autonomía sindical o la instrucción moral del gobernador Javier May Rodríguez de limpiar y democratizar la vida universitaria, se coloca del lado del cacicazgo y desafía abiertamente los aires de cambio que el mandatario morenista busca imprimir en la máxima casa de estudios.
El proceso de renovación del SPIUJAT nació viciado, lleno de amenazas, presiones y coacciones contra profesores que se niegan a respaldar a Hernández. En los pasillos universitarios se respira miedo: muchos docentes callan para evitar represalias, mientras otros comienzan a organizarse en torno a Margarita Rodríguez Falcón, quien decidió contender pese al madruguete ilegal del actual líder sindical.
La Asamblea del lunes pasado fue una escena de poder sin pudor, donde se mezclaron el acarreo, la manipulación y la simulación. Lo que debía ser un ejercicio de participación sindical terminó como un acto de subordinación institucional al rector y al viejo esquema de control.
Frente a este panorama, la indignación crece entre los profesores. Ven cómo la UJAT se hunde en prácticas autoritarias, donde rectoría y sindicato se confunden en un solo bloque para mantener privilegios.
