Oramos en su memoria a los siete meses de su partida, ¡pero vaya qué sorpresa!… ¡Nos quedamos con la boca abierta al sentir su presencia! ¡Irrefutable manifestación de que las almas regresan para estar entre nosotros!
Con apenas unas pocas horas de haber sido testigo de esta manifestación de un ser querido que se nos adelantó en este camino hacia la eternidad, don Rubén nos narra muy conmovido la forma en que sintió la presencia de su señora madrecita, fallecida hace siete meses.
Tal vez para los escépticos esto no pueda ser posible; caso contrario, y de una realidad, es lo que a nosotros nos sucedió cuando fuimos testigos de una manifestación espiritual que toda mi familia observó.
Don Rubén, de manera pausada, detallada, con voz entrecortada, muy seguro y firme en su narrativa, comparte con nosotros la extraordinaria experiencia que se registró entre toda su familia, al hacer las oraciones de los siete meses de ausencia de su madrecita y también los rezos a los fieles difuntos.
Comienza diciendo don Rubén que el pasado y reciente día sábado 1 de noviembre se trasladó a un municipio de Tabasco, donde fue el hogar de su madrecita.
Para estas fechas es tradicional que tanto mi difunta madre como yo hiciéramos los acostumbrados tamales y maneas como un tributo a los seres queridos ausentes.
Este ritual era cada año, y aunque mi familia es más numerosa, ella y este servidor nos encargábamos de cumplir con esta tradición.
Y es que durante la preparación de estos tamales y maneas, mi progenitora y yo preparábamos y limpiábamos las hojas de plátano, la masa, la manteca, la carne, el chipilín, el cebollín, el guiso y todos sus ingredientes… al mismo tiempo, teníamos un diálogo sobre el acontecer familiar.
Debo recordar, asegura nuestro entrevistado, que un miércoles de hace seis meses, precisamente en ese rezo, mi hija, que quería mucho a mi mamá, se colocó junto a la rezadora y durante el rosario, fue mi hija quien en ese ínterin de las letanías… percibió que «alguien» la tomaba de la mano izquierda y vio claramente que se marcaba en su piel… ¡el suave apretar de mano que le daba su abuelita!
Para la rezadora esta acción no pasó desapercibida y en voz baja le susurró a mi hija: «Tranquila, muchacha, es tu abuelita que se manifiesta contigo y esto es normal en personas que han tenido mucha convivencia».
Don Rubén, después de hacer este recordatorio, vuelve y, retomando lo sucedido el 1 de noviembre reciente, nos asegura que ahora la preparación de los tamales y maneas ya no fue igual como todos los años, porque ya no estaba mi madrecita… pero ahora entre varios familiares preparamos esta comida ancestral.
Don Rubén asegura que, ya instalado el altar, fueron ubicadas tres imágenes: la de su abuelito, su papá y su madrecita, a quien le colocó tres tamales.
En tanto que mi hija le puso una torta de pollo que tanto le gustaba a las dos y la comían con mucho agrado.
Hubo el rezo en la noche de este día sábado 1 de noviembre y se quemaron las tradicionales velitas para continuar con esta tradición de iluminar el camino de nuestros seres queridos ya ausentes.
Así transcurrió la noche y ya un poco más tarde nos fuimos a dormir. Ya por la mañana, la señora que nos ayuda con el quehacer doméstico nos llamó, y acudimos frente al altar, y todas y todos nos llevamos una gran sorpresa que no dábamos crédito entre el asombro y la incredulidad.
Uno de los tamales tenía quitada una parte como cuando normalmente lo estamos consumiendo. Fue toda una admiración de todos y es que esto no podía ser, porque si en un momento dado creyéramos que era obra de algún roedor o gato… se descarta porque no hay ni uno ni el otro.
Pero la sorpresa fue más allá de lo esperado… mi hija observó el plato donde había dejado una torta frente a mi mamá una noche anterior, y vio solo migajas del pan como si la hubieran comido. ¡La torta desapareció! ¿Pero quién pudo quitarla? Nadie se levantó en la madrugada.
En esa misma mañana del 2 de noviembre, hubo el rezo normal a la memoria de los fieles difuntos y en el transcurso del rosario pudimos agradecer a mi mamá el hecho que haya «bajado», según nos explicó la señora rezadora, para estar un momento entre nosotros… y esta manifestación de energía la tomamos como algo celestial y divino, según nuestras creencias religiosas… ¡Gracias por visitarnos, Madrecita!
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales consideran que se dan este tipo de casos donde la energía de la persona fallecida es muy fuerte y todo esto es debido a los lazos familiares que le profesaron en vida, máxime cuando ella era la señora de la casa y era el eje principal de esta familia.
¿Usted ya tuvo una experiencia parecida con un familiar? ¿El pasado 2 de noviembre se le manifestó la energía de algún ser querido ya ausente? ¿Tiene usted la esperanza que todavía en el transcurso de este mes sueñe o hable con algún familiar fallecido?
