¡Espléndido sábado!
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En 1999, Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis, ofreció en la Casa Blanca el discurso “Los peligros de la indiferencia”.
Hoy sábado, a una semana del trágico crimen de Carlos Manzo en Uruapan, municipio que gobernaba, repasemos fragmentos del discurso de *Wiesel*, de trascendencia histórica y con preciso significado de las causas políticas que motivaron el asesinato del líder del sombrero michoacano.
Ante el Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton y el Congreso de ese país, Wiesel se refirió a su terrible historia cuando a los 17 años fue internado en Buchenwald, uno de los más primeros y más grandes campos de concentración.
Dice en una parte:
_“La indiferencia puede resultar tentadora. Resulta mucho más fácil apartar la mirada de las víctimas. Para una persona indiferente, sus vecinos carecen de importancia. Por tanto, sus vidas carecen de sentido para él. Su dolor oculto o incluso visible no le interesa. La indiferencia reduce al otro a la abstracción_.
_“En ese lugar, detrás de los negros portales de Auschwitz, los primeros que llevaban una vida más trágica eran los Muselmänner. Tapados con sus sábanas raídas, se sentaban en el suelo mirando al vacío, puesto que no recordaban quiénes eran ni dónde estaban. Eran extranjeros en su propia tierra. Ya no sentían dolor, hambre ni sed. No tenían miedo de nada. No sentían nada. Estaban muertos y no lo sabían._
_“Arraigados en nuestra tradición, algunos creíamos que ser abandonados por la humanidad no era la peor de las desgracias. Creíamos que ser abandonados por Dios era peor que ser castigados por él. Era mejor pensar en un Dios injusto que en un Dios indiferente. Para nosotros, ser ignorados por Dios era un castigo más severo que ser una víctima de su ira. El hombre puede vivir alejado de Dios, pero no al margen de Dios_.
_“A fin de cuentas, la indiferencia no suscita ninguna respuesta. La indiferencia no es una respuesta. Siempre es amiga del enemigo, puesto que beneficia al agresor, nunca a su víctima cuyo dolor se intensifica cuando la persona se siente olvidada. El prisionero político en su celda, los niños hambrientos, los refugiados sin hogar. No responder a su dolor ni a aliviar su soledad ofreciéndoles una chispa de esperanza es exiliarlos de la memoria humana_.
_“Y al negar su humanidad, traicionamos la nuestra. Por tanto, la indiferencia no sólo es un pecado, sino también un castigo”._
TODOS SABÍAN DE NUESTRO SUFRIMIENTO
_“En mi lugar de origen, la sociedad estaba compuesta por tres sencillas categorías: los asesinos, las víctimas y los que no hacían nada. Durante la época más oscura, dentro de los guetos y los campos de la muerte nos sentíamos abandonados y olvidados_.
_“Todos nos sentíamos así. Nuestro único y miserable consuelo era creer que Auschwitz y Treblinka eran secretos muy bien guardados; que los líderes del mundo no sabían lo que estaba pasando detrás de esos portales negros y ese alambre de púas; que no tenían conocimiento de la guerra contra los judíos que los ejércitos de Hitler y sus cómplices libraban como parte de la guerra contra los Aliados_.
_“Si lo supieran, pensábamos, los líderes habrían removido cielo y tierra para tomar cartas en el asunto. Se habrían pronunciado con gran valor y convicción. Habrían bombardeado las vías del tren que conducían a Birkenau; sólo las vías del tren, sólo una vez_.
_“Y entonces descubrimos que el Pentágono lo sabía, que el Departamento de Estado lo sabía…”_.
El crimen de Carlos Manzo es consecuencia de la indiferencia, omisión hostil. Voz en cuello denunció y exigió un auxilio que nunca llegó. Todos sabían el riesgo que corría su vida. Todos sabían lo que estaba pasando en Uruapan. Todos. Y no movieron dedo alguno. El gobernador Bedolla hasta se mofó de la lucha del sombrero contra la delincuencia organizada.
La indiferencia no sólo es pecado, sino también castigo. Sígueme en X: @vidal_38.
