CARTA ABIERTA
La marcha de la Generación Z en la Ciudad de México reunió a miles de personas convocadas para manifestarse de forma pacífica en torno a demandas de seguridad, de cambios políticos y el nombre de Carlos Manzo. No obstante, durante la movilización se produjo un fuerte foco de violencia que no fue generado por los jóvenes manifestantes en general, sino por un grupo específico identificado como “bloque negro” o “bloque violento”.
Compuesto por cerca de mil personas embozadas y encapuchadas, los infiltrados irrumpieron en el Zócalo y desataron disturbios al derribar vallas, lanzar artefactos explosivos caseros, cohetones y otros objetos contra policías y transeúntes. Este grupo atentó contra la seguridad de los manifestantes pacíficos y evitó que el zócalo se viera lleno a toda su capacidad.
La presidenta Claudia Sheinbaum condenó la violencia y han señalado que estos actos estuvieron motivados por provocadores con intereses políticos. Sheinbaum advirtió que el grupo violento no tenía intención genuina de manifestarse pacíficamente, sino de confrontarse con la policía.
Se reporta que grupos con antecedentes conflictivos o criminales se infiltraron en la marcha, lo cual provocó una fractura en el movimiento y la violencia que estalló, alejándose del propósito original de la protesta pacífica.
La versión gubernamental ha responsabilizado a los organizadores políticos y actores de oposición por incitar o permitir la presencia de estos provocadores que mancharon la manifestación, y señala que hubo baja participación real de jóvenes y más presencia de adultos y grupos con agendas definidas.
Ahora, los analistas se preguntan: quién o qué sectores políticos enviaron o permitieron la infiltración de estos provocadores para desdibujar la protesta y generar un ambiente de confrontación que beneficiaría a agendas externas al movimiento juvenil genuino.
Incluso, otros apuntan a una instrumentalización política desde sectores de Morena adversarios de la presidenta, usando grupos de choque para: 1) desestabilizar al Gobierno de Sheinbaum al usar la represión policial, creando rechazo social , y 2) desprestigiar el movimiento de la GZ.
Aun con lo sucedido, sigue vigente la necesidad de proteger el derecho legítimo a la protesta pacífica de la juventud. La movilización auténtica de la Gen Z sigue activa, con futuras marchas convocadas para el 20 de noviembre. El gran reto es evitar los actos violentos de los provocadores.
Está más que claro: la violencia en la marcha de la Gen Z fue causada por un bloque violento infiltrado, no por los jóvenes manifestantes en general.
