CARTA ABIERTA
La detención de Jorge Armando Gómez Sánchez, “El Licenciado”, es un éxito operativo contundente del secretario de Seguridad nacional. En menos de tres semanas se pasó del autor material (un menor de 17 años abatido, extrañamente, en el lugar del crimen) a identificar, ubicar y detener a uno de los autores intelectuales que coordinaban desde Morelia el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.
El análisis de los celulares de los sicarios muertos, la geolocalización y la presión inmediata sobre la célula delictiva muestran una coordinación federal-estatal que, por una vez, funcionó con rapidez y eficacia. Merece reconocimiento explícito el trabajo de quien parece el gran incomprendido de la élite morenista: Omar García Harfuch.
El verdadero valor político de esta captura no está solo en detener a un operador intelectual, sino en lo que “El Licenciado” pueda declarar. Porque la experiencia mexicana enseña que muchos asesinatos de este tipo a veces responden a órdenes de actores políticos y criminales que se benefician del terror.
Michoacán vive una guerra abierta entre células. Que un presidente municipal sea ejecutado en pleno Día de Muertos, frente a cientos de personas, fue un reto al Estado y un golpe de autoridad. Ahora, la Fiscalía de Michoacán y la FGR tienen la obligación de exprimir cada declaración, cada contacto y cada transferencia para responder la pregunta clave: ¿actuó “El Licenciado” por iniciativa propia de su cártel o alguien de ‘más arriba’ le señaló el objetivo?
Mientras no haya una respuesta clara a estas interrogantes, el éxito operativo de Harfuch, aunque plausible, será incompleto.
:LA RÚBRICA
La marcha de la Generación Z tuvo un nuevo giro por lo que quedó grabado: hombres vestidos de negro descendiendo de patrullas oficiales. Esa secuencia, repetida una y otra vez en redes, dejó poco margen para entender que el Bloque Negro no llegó por casualidad. Su presencia operó como una cuña que descompuso una movilización que, hasta antes de su irrupción, avanzaba con ánimo pacífico. Clara Brugada insiste en que la violencia vino de fuera y que la policía únicamente contuvo. Pero los nuevos videos ya abrieron una grieta de credibilidad. Mientras tanto, varios jóvenes (ninguno del Bloque Negro) siguen tras las rejas con imputaciones de intento de homicidio. La salida más sensata es liberarlos. Cada día que pasan encerrados alimenta el discurso de la oposición, que ya los califica como presos políticos, y confirma la impresión de que sí hubo un operativo oficial del Gobierno capitalino para reventar la marcha del 15–N.
