Carta Abierta
Fernández Noroña actuó siguiendo una instrucción que no salió de su temperamento explosivo, sino de un nivel superior dentro de Morena. Su ataque contra Grecia Quiroz respondió a una orden precisa: frenar cualquier intento de que la alcaldesa de Uruapan compita por la gubernatura de Michoacán.
Quienes mandan conocen las encuestas internas y saben que, si ella entra a la contienda, arrasará. Por eso eligieron a Noroña como vocero del golpe, para que otros dirigentes evitaran exponerse y conservaran la fachada de neutralidad.
El cálculo es evidente. Morena teme perder el control de Michoacán ante una figura que combina apoyo ciudadano y legitimidad moral por su exigencia de justicia, en un municipio clave en muchos aspectos. A esto se suma que el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla atraviesa su peor momento político.
El ataque de Noroña también tuvo otra función: mover el reflector lejos de la investigación por el asesinato de Carlos Manzo. Los señalamientos de Grecia apuntaron a políticos como Leonel Godoy, Raúl Morón y Nacho Campos, y eso encendió alarmas. Desacreditarla es útil para reducir la presión sobre quienes están bajo sospecha. Con sus declaraciones, el senador fifí crea un escándalo paralelo que busca alterar la conversación pública, justo cuando Omar García Harfuch busca llegar hasta donde tope.
La respuesta del diputado del Movimiento del Sombrero, Carlos Bautista Tafolla, dejó a Noroña sin coartadas. Lo llamó carroñero, le recordó su amistad con Manzo y lo expuso como quien deja de lado cualquier principio para cumplir un encargo partidista.
Tras Noroña hay una intención real: impedir que una mujer con fuerza política puede arrebatarle Michoacán a Morena. Este grupo busca mantener el control del estado y apuesta por maniobras que revelan miedo, desgaste y una estrategia basada en golpes bajos. El problema es que la jugada queda demasiado obvia.
:LA RÚBRICA
Mientras productores campesinos bloquean carreteras exigiendo un precio justo por su maíz (piden entre 8,000 y 9,000 pesos por tonelada), Diconsa adjudicó directamente un contrato por 346 millones de pesos (marzo-diciembre 2025) a Minsa, empresa de la familia de Altagracia Gómez Sierra, asesora empresarial cercana al oficialismo. Minsa transformará ese mismo maíz en harina nixtamalizada, la empacará y la distribuirá barata en 3,500 comunidades indígenas y afromexicanas mediante el programa Maíz para Todos. Los campesinos se enojan porque, al no subirles el precio del grano, muchos venden a pérdida o dejan de sembrar, mientras Diconsa paga cientos de millones a una sola empresa privada para procesar y beneficiarse del maíz que ellos producen con esfuerzo.
