«Nos espantaron muy feo y eso no puede ser creíble por la altura. Es como si los demonios estuvieran sueltos; dicen que el monte es la casa de las cosas malas».
Carlos es una persona que siempre soñó tener su casa propia y vivir tranquilo con su esposa y sus dos hijos, en un lugar sin preocupaciones y con mucha seguridad.
Nuestro entrevistado es uno de aquellos ciudadanos que vio con optimismo, hace ya varios años, la oportunidad de tramitar un departamento con sus «puntos» en la institución federal donde cotizan los empleados de comercios, y por fin lo logró.
Dadas las facilidades que en esos tiempos ofrecían nuevas empresas especializadas en viviendas de interés social, nunca titubeó al checar la tramitología a cubrir y así iniciar las gestiones para buscar la mejor opción de los lugares en promoción.
Dice que se vio atraído por un complejo habitacional más adelante de Playas del Rosario, porque en el proyecto se decía que se trasladarían varias dependencias oficiales, habría plazas comerciales y hasta una clínica del Seguro, pero todo esto a la distancia de varios años… solo fueron burbujas de buenas intenciones porque no llegaron ni llegarán.
Manifiesta que es empleado de una bien cotizada empresa departamental, y que en su fuente laboral todo transcurre con normalidad. Los cambios de horarios en su trabajo son llevaderos y no se queja, porque en ocasiones le toca el turno matutino y en otras el de la tarde-noche.
Argumenta que para tener un mayor descanso escogió una segunda etapa, donde por lógica hay menos ruidos y bullicio comercial, pero más adentro del lugar.
Asegura don Carlos que en una ocasión su esposa y él fueron despertados por los gritos de uno de sus hijos, y al acudir a su cuarto, este estaba muy asustado porque creyó ver unas manos y una silueta en la ventana de la habitación… ¡pero por la parte exterior!
El señor Carlos de inmediato encendió la luz y se colocó en la ventana a la vez que corría las cortinas, y al asomarse no vio nada anormal. Al regresar con su hijo lo fue calmando para que recuperara el sueño, después de convencerlo de que tal vez pudo haber sido una pesadilla o mal sueño.
Superada la crisis nerviosa de la madrugada con la supuesta aparición de algo extraño en la ventana, don Carlos se fue al trabajo y se quedó pensando sobre ese incidente de su hijo… reflexionando sobre qué pudo suceder… No estaba tranquilo.
Al terminar una jornada más, llegó a su casa, se bañó, se cambió de ropa y cenaron para ver un rato la TV.
La noche ya los impulsaba para ir a dormir, por tanto llevó a sus hijos a su respectivo cuarto, esperó a que le dieran sus oraciones de la noche para un feliz descanso y él les dio la bendición… con oraciones a la Virgen de Guadalupe para que los cuide y proteja de cualquier mal… es devoto de la Reina del Tepeyac.
De nuevo su hijo se despertó en la madrugada muy asustado por ver las mismas apariciones… ¡manos y silueta en los cristales de la ventana!
Al acudir don Carlos y su esposa, el menor de edad temblaba muy asustado, afirmando haber visto de nuevo lo del día anterior. Nuestro personaje repitió las maniobras de acudir a la ventana, correr las cortinas y asomarse para ver qué había en el exterior… ¡no había nada!
Dada la relevancia de los dos acontecimientos nocturnos… Papá y mamá se quedaron en la misma habitación acompañando a los dos menores.
Don Carlos no pudo dormir por la preocupación de sus hijos. Ya en el trabajo le comentó lo sucedido a un compañero y este le dijo que lo platicaría con su tía Chepa, que era rezadora y hacía trabajos de brujería.
Al día siguiente, ese compañero de don Carlos le llevó una lista de cosas que debía comprar para hacer una «curación» de esta vivienda con lociones, hierbas diferentes, un amuleto y una medallita de San Benito… además de agua bendita.
Consiguió todo en el mercado Pino Suárez y siguió las instrucciones al pie de la letra.
Esa otra noche don Carlos y su señora volvieron a quedarse con sus hijos para darle mayor seguridad y confianza. Colocaron una imagen de la Virgen de Guadalupe en esa habitación de los niños, de tal forma que los cuatro miembros de la familia hicieron oraciones a la Virgen de Guadalupe y en esa noche no hubo ninguna novedad, en la segunda tampoco, ni en la tercera y en las subsecuentes… se terminó la pesadilla y todo volvió a la normalidad, y sin sobresaltos… solo armonía.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales, consideran que esto que ahí sucedió pudo ser porque esos fraccionamientos son asentados en predios enmontados, casi selváticos, donde se altera el entorno de la naturaleza y hay que recordar lo que dicen los mayores… El monte tiene sus dueños y esas energías son removidas de su sitio. Pero en este caso de don Carlos la situación que lo mantuvo inquieto es porque él vive en un cuarto nivel de un condominio, donde nadie puede caminar o desplazarse en el exterior porque no existe espacio para ello. Afortunadamente hubo la cura acompañado con el poder de la oración, porque esa etapa de viviendas está más al fondo de la zona y entre más lejos, más se remueven energías.
