Carta Abierta
El entorno del Mercado José María Pino Suárez es hoy distinto, ajeno a la anarquía que caracterizó a esa zona por décadas.
Las banquetas despejadas y el tránsito fluido son el resultado de una determinación que busca rescatar el orden urbano. Se observa un quiebre con ese pasado de abandono donde el caos era la norma aceptada. ¿Cuánto tiempo se perdió entre la suciedad de una zona asfixiada? La gestión de Yolanda Osuna asumió la tarea de aplicar el estado de derecho en un espacio que gobiernos previos ignoraron (quizás por temor al costo político o por simple falta de visión).
El comercio informal, instalado en el perímetro, generaba una distorsión en la economía local. Los locatarios establecidos, sujetos al pago de impuestos y rentas, enfrentaron una competencia desigual que mermaba sus ingresos. Al obligar al peatón a caminar por el arroyo vehicular debido a la invasión de las aceras, también se creó un escenario de riesgo e inseguridad constante. Ahora, las cuadrillas municipales avanzan con labores de bacheo y limpieza sobre terreno recuperado, devolviendo una utilidad real a una zona que parecía condenada al deterioro permanente.
La mudanza de los ambulantes hacia el Mercado Tianguis de Casa Blanca supone un cambio positivo en sus condiciones de venta. Se les ofrecen locales con todos los servicios y la posibilidad de abandonar la precariedad de la calle para integrarse a la formalidad.
La asignación de estos espacios mediante una tómbola (mecanismo que los propios interesados manejan para evitar favoritismos) busca eliminar cualquier sospecha de manejo oscuro o discrecional. Y es que este nuevo espacio tendrá el apoyo promocional del Ayuntamiento para atraer al mayor número de consumidores.
El éxito de esta medida reside en su permanencia. La mayor preocupación de los comerciantes establecidos es el regreso de los vendedores ambulantes en cuanto la vigilancia se relaje.
Por eso se requiere firmeza para que el orden se vuelva una costumbre y no una medida pasajera.
Con miles de visitantes diarios, el potencial económico de este sector es enorme si se mantiene libre de obstrucciones. ¿Se logrará sostener este esquema donde todos los involucrados salen ganando?
Los comerciantes y ciudadanos esperan que el orden aplicado sea el inicio de una forma distinta de hacer las cosas en ese punto neurálgico de la capital. Después de todo, qué alivio caminar ahora por esas banquetas despejadas y seguras.
:LA RÚBRICA
Rafael Acosta León (voz cantante del perredismo local) suelta una verdad incómoda: Movimiento Ciudadano camina como un cuerpo sin extremidades. Se percibe un caos absoluto que carece de pies y de cabeza. La orfandad de este grupo resulta evidente mientras Pedro Palomeque observa desde la barrera del oficialismo. Se sospecha con fundamento que el dirigente emecista entregó ya las llaves de la casa a quienes ostentan el poder. ¿Cuál es el plan real tras esta parálisis inducida? Todo apunta a una demolición controlada desde las oficinas de la dirigencia. Palomeque dedica sus horas a fracturar cada estructura interna, asegurando que la marca deje de estorbar en las urnas de 2027 y 2030. Se busca despejar el camino a intereses ajenos. ¡Qué triste papel el de un líder que trabaja para fortalecer al adversario! El desorden parece planeado con precisión quirúrgica (un favor cobrado por adelantado) para evitar cualquier amenaza electoral. Se asiste al teatro de una franquicia que prefiere la sumisión al riesgo de competir. ¿Quedará algo de dignidad en esas siglas? La militancia observa con estupor cómo su propio dirigente los traiciona, mientras el ‘Gato sonriente’ sigue cruzado de brazos desde el centro del país.
