CARTA ABIERTA
La diplomacia de Claudia Sheinbaum frente a la administración de Donald Trump se ha convertido en un estudio de caso sobre la cautela política, y esto se ha refrendado tras la charla telefónica sostenida el lunes.
Mientras el panorama internacional se agita con acciones drásticas, como la invasión a Venezuela y la confiscación de su petróleo (actos que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, califica como «malas noticias y un retroceso de décadas para el hemisferio»), México parece haber encontrado una fórmula para mantener la sana distancia con el republicano.
Este manejo no es producto del azar, sino de una estrategia basada en la interdependencia económica. Ebrard sostiene que, a pesar de las tensiones, un ataque militar o una ruptura total es un escenario muy remoto por lo vinculadas que están ambas economías. Esta interdependencia actúa como un escudo que, hasta ahora, ha protegido a México de los aranceles agresivos y las intervenciones que otros países ya padecen.
Un punto crítico en esta relación es la seguridad nacional. A pesar de la retórica estadounidense sobre el control de los cárteles en México, Sheinbaum ha mantenido una postura firme en sus conversaciones con Trump, insistiendo en que la participación de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no es necesaria. Esta negativa parece ser procesada bajo el entendimiento de que la gestión morenista ha cedido a la mayor parte de las exigencias de su vecino.
Aunque muchos morenistas se ruboricen al admitirlo, México ha tomado medidas proactivas para alinearse con los intereses de Washington, como el aumento de aranceles contra China, la entrega de agua, la extradición de numerosos capos, el vuelo de drones, y la colaboración militar más cercana.
Estas cesiones estratégicas, junto con la búsqueda de eliminar obstáculos en la mesa de negociación del T-MEC, refuerza la posición de México como un socio necesario.
Según analistas internacionales, las acciones de la presidenta fortalecen la posición del país ante su rechazo a ataques directos a capos en suelo mexicano.
Sheinbaum parece estar operando bajo la premisa de que la mejor defensa es una combinación de firmeza soberana y pragmatismo económico. Aunque 2026 se perfila como un año de tensiones bilaterales, la estrategia actual ha logrado mantener a raya las tendencias más impulsivas de Washington. Vaya, hasta ha logrado que EE. UU. siga permitiendo la entrega de petróleo mexicano al régimen dictatorial cubano.
Mantener esta relación es como caminar por una cuerda floja a gran altura: Sheinbaum debe equilibrar los intereses de su Gobierno en una mano y las exigencias de Trump en la otra. Sabe que cualquier movimiento brusco podría romper el delicado hilo que mantiene la paz con un gobernante que pasa de las advertencias a los hechos.
Sheinbaum ha calificado de favorable la llamada telefónica de ayer lunes. Ya veremos que dice el magnate sobre el mismo asunto. Ya veremos, también, hasta cuándo el tigre sigue más o menos manso ante México.
