CARTA ABIERTA
El Tribunal Superior de Justicia parece ya una plataforma de lanzamiento en vez de un recinto de leyes. Efraín Reséndez Bocanegra camina por los municipios con la soltura de quien busca un voto y no de quien dicta una sentencia.
Resulta que su atención habita en las ondas de radio, en las pantallas de televisión y en el brillo de las redes sociales. Se percibe una ambición que desborda el despacho oficial.
¿Acaso el máximo impartidor de justicia en el estado tiene tiempo para los expedientes mientras diseña su próximo movimiento electoral? Los hechos sugieren que el magistrado vive en una campaña perpetua.
Su fe descansa en un tablero de ajedrez donde él siempre gana una posición.
Existe la firme convicción de que, ante un eventual llamado de Javier May al gabinete federal, el sillón del interinato lleva ya su nombre grabado. Si ese tren pasa de largo, el plan B apunta con descaro hacia la alcaldía de Centro. Incluso, en un escenario de premios menores, la mirada ya busca acomodo en una curul federal para el año 2027.
Esta omnipresencia mediática delata un desinterés real por la delicada tarea de presidir el Poder Judicial. Mientras el pueblo busca justicia, el presidente del tribunal busca simpatizantes y votos.
La seguridad de Reséndez Bocanegra nace de sus vínculos personales (esos nexos con los hijos de López Obrador) que considera un pase directo al éxito.
Confía ciegamente en que esas amistades inclinarán la balanza a su favor cuando llegue la hora de repartir los destinos públicos. Se nota un magistrado en todas partes, menos en su responsabilidad institucional.
La justicia requiere silencio, rigor y distancia; el proselitismo exige ruido y cercanía. El equilibrio se ha roto en favor del espectáculo. ¿Hasta cuándo se le permitirá que su toga le sirva de disfraz para hacer una campaña sin freno de mano?
¿Cómo confiar en que sus resoluciones sean imparciales y alejadas de cualquier tufo partidista?
¿Cómo evitar que siga convertido en una suerte de ‘Rock Star’ de la justicia’
:LA RÚBRICA
El tedio invade cualquier charla sobre el PAN. Basta ver al grupo de ‘cerebritos’ que insiste en relanzamientos vacíos (cada uno más somnífero que un discurso de Marko Cortés) mientras su relevancia se desvanece. ¿Acaso creen que un logo nuevo borra la inoperancia? Juan Carlos Martínez Terrazas, secretario nacional de Fortalecimiento, estuvo en Tabasco para, entre otras cosas, anunciar la visita de Jorge Romero en el primer trimestre de 2026. Se anuncia una gira por un territorio donde sus siglas son meros fantasmas. Quizá al bajar del avión note la amarga realidad: su partido aquí es una ficción. Su dirigente provisional, Katia Bolio Pinello, parece más ocupada en tender puentes con el oficialismo que en construir oposición. Se sospecha un salto inminente a Morena (tras el portazo que recibió en su natal Yucatán en las elecciones de 2024). Las pugnas internas entre tribus terminaron de hundir un barco que ya hacía aguas. Se percibe un organismo intrascendente, devorado por ambiciones pequeñas que solo generan bostezos. ¿Habrá alguien que aún espere algo de ellos? El malestar social crece y los panistas siguen sin aparecer como una oposición de peso en el ámbito nacional… El aterrizaje de un avión militar estadounidense en el aeropuerto de Toluca desató señalamientos que resultan mal encaminados. Aunque diversas voces intentaron culpar a Adán Augusto, el coordinador de Morena en el Senado fue enfático al aclarar que la Cámara Alta no posee la facultad de autorizar dichos ingresos operativos. Según explicó, la gestión de estos permisos recae en los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano. La realidad de los hechos apunta a la operatividad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch. Fue el Consejo Nacional de Seguridad el que permitió que personal civil de la secretaría a cargo de Harfuch utilizara este transporte para asistir a capacitaciones en Estados Unidos. Por lo tanto, no se trató de un movimiento de tropas militares, sino de una logística administrativa para funcionarios de la dependencia de seguridad. Ante la controversia, Claudia Sheinbaum ha decidido modificar las reglas de estas capacitaciones. Para evitar malentendidos, anunció que en el futuro se utilizarán aviones mexicanos para recoger al personal, prohibiendo el aterrizaje de aeronaves militares extranjeras para estos fines. Esta medida busca cerrar la puerta a críticas que, en esta ocasión, pretendieron culpar al Senado por una decisión del área de seguridad.
