ANDANZAS DE REPORTERO I
Las quejas de despidos de trabajadores petroleros, afectaciones en ríos, lagunas y cultivos, detonan todo un movimiento en contra de las autoridades del estado, a quienes acusaban de ser cómplices de los funcionarios de Pemex…Nadie presta atención al fenómeno, calculan que se irá diluyendo a cómo vaya pasando el tiempo…Sin embargo eso no sucede, muy por el contrario, cada día crece el número de reclamantes, ex trabajadores de la paraestatal, pescadores y campesinos abarrotan plaza de armas…Por fin el gobierno de Tabasco entabla pláticas con los representantes de los inconformes, no llegan a ningún acuerdo y se rompe la tregua…La decisión está tomada, caminar hasta el DF, en una “consulta popular” es decir, a mano alzada, los dirigentes del movimiento solicitan la aprobación para iniciar de inmediato la caminata… La respuesta es positiva y al grito de “a marchar”, los integrantes del movimiento empiezan a levantar su improvisado campamento…Así da inicio lo que llamaron “el éxodo por la dignificación petrolera” o simplemente, el éxodo petrolero…Las cabezas visibles del movimiento eran Darwin González Ballina; Miguel Cuitláhuac Vázquez Hidalgo; Omar Jasso García y Minerva Pérez Pérez, aunque a lo “lejos” se veía claramente la figura del guía moral de los perredistas, Andrés Manuel López Obrador…Todo transcurría sin novedad, las autoridades del gobierno de Tabasco respiraban tranquilidad al observar que el “problema” poco a poco se alejaba de su jurisdicción…Sin embargo esa felicidad les duraría muy poco tiempo y el despertar sería de pesadilla…El 13 de julio de 1992, un tráiler embiste a los marchistas en la localidad de Cerro Gordo, Veracruz, causando la muerte a cuatro de ellos y dejando a decenas de heridos a su paso…De inmediato una mente “perversa” hace correr el “rumor” de que el “tráiler asesino” pertenecía al empresario y político Carlos Hank González, causando gran revuelo en Tabasco ante la cercanía de Manuel Gurría Ordoñez con el mexiquense…Ante tal acontecimiento, el jefe de redacción del diario Tabasco hoy, Jorge Castro Noriega, convoca a los “reporteros A” para que acudan a cubrir hasta Veracruz el accidente de los petroleros, sin embargo y por alguna razón hasta hoy desconocida, éstos no estuvieron a disposición de atender tal encomienda, teniendo que hacer uso de los “reporteros C”; así es como se me asigna esa tarea junto con el fotógrafo Raúl Sarracino…De inmediato la administración del periódico envía por boletos de autobús para ambos reporteros, en Villahermosa cae una pertinaz lluvia, la noche se viene con una negrura que aterraba, pero la orden estaba dada y simplemente había que cumplir…Todo estaba dispuesto, sólo esperábamos los tiquetes, cuando hace su aparición un aguerrido reportero, Jacinto López Cruz, quien sin mediar palabras reclama el hecho de que nos vayamos sin él, ofreciendo de inmediato su vehículo para hacer el viaje hasta el lugar de la desgracia…Después de una breve discusión, el jefe de redacción aprueba el viaje y así lo emprendemos bajo la ya fuerte lluvia para ese momento…López Cruz hace una parada para avituallarse de algunos artículos y así poder viajar con mayor comodidad…Un servidor de copiloto, Raúl en la parte trasera del vehículo revisa cuidadosamente su equipo de fotografía, todo marcha en aparente tranquilidad, de vez en vez se le cuestionaba al conductor cómo se sentía para seguir manejando, la respuesta era inmediata, ¡mejor que nunca!…Las luces rompen la negrura de la noche, la fuerte lluvia sigue cayendo inmisericordemente, avanzamos a una velocidad digna de “Checo Pérez” en cualquier pista del mundo, el piloto bebe y platica, en algunos momentos incluso, suelta el volante para buscar algo o bien acomodarse en el sillón, la adrenalina va al mil…A lo lejos se observan luces y lámparas sordas que hacen señal de alto, es el retén del río Tonalá, un autobús de pasajero vira de manera brusca hacia el acotamiento, detrás de ellos tenemos que detener nuestra marcha al ver que un agente de la antigua PJF de la PGR se atraviesa temerariamente con una Uzi nueve milímetros, manoteando y mostrando bajo la lluvia un rostro desencajado, quizás por estar de guardia en una noche terrorífica…Nuestro conductor, demostrando su pericia para manejar, logra controlar el vehículo y aparcarlo a escasos centímetros de la parte trasera del autobús, de inmediato somos abordados por un fuerte grupo de agentes, quienes con “la amabilidad” que siempre los caracteriza nos “invitan cordialmente” a descender del carro, no sin antes recordarnos a nuestras progenitoras…hasta este momento no nos hemos acercado a cumplir nuestra asignación periodística…qué pasó después…lo sabremos en la segunda parte de esta crónica…hasta la próxima.
