CARTA ABIERTA
La publicación oficial del libro Ni venganza ni perdón, escrito por Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, es una radiografía demoledora del deterioro ético personificado en Jesús Ramírez Cuevas.
Mientras el exvocero presidencial se envuelve en la bandera de la cuarta transformación para protegerse de las críticas, Scherer revela una red de corrupción que ha utilizado el poder público para fines personales, financieros y facciosos.
La acusación más grave que pesa es el fraude de 27,000 millones de pesos orquestado a través de un decreto para favorecer a un grupo de extrabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), liderados por Rosendo Flores.
Según las revelaciones de Scherer, Ramírez Cuevas manipuló la voluntad presidencial para autorizar una segunda liquidación sin base jurídica real, convirtiendo recursos que podrían haber construido al menos 150 hospitales de primer nivel en una caja chica para crear redes clientelares y financiar la precampaña de Clara Brugada hacia la jefatura de gobierno.
La reacción de Jesús Ramírez ante estas acusaciones fue una carta pública. El texto, descrito como muy mal redactado y plagado de falacias, es un monumento al cinismo.
En lugar de responder por los vínculos con el fallecido Sergio Carmona, conocido como el Rey del Huachicol, o por la organización de ejércitos de bots y la siembra de preguntas a modo en las conferencias matutinas, el vocero se refugió en una retórica vacía.
Sus vivas al maíz nativo y a un mundo sin explotación resultan patéticos frente a las evidencias de extorsión y tráfico de influencias que se le imputan.
Como bien señaló López-Dóriga, Ramírez Cuevas “miente como respira”, simulando una defensa de la democracia y la disidencia que jamás practicó, rigiéndose siempre bajo el dogma de que o están con él o están contra él.
El libro, que se está vendiendo como ‘pan caliente’, expone una continua degradación donde otros personajes, como Alejandro Gertz Manero, utilizaron la fiscalía para venganzas personales, como se documenta en el caso de Alejandra Cuevas.
Por más que quiera desviarse la atención, el libro del ex consejero jurídico del Ejecutivo federal no es un ataque al movimiento de transformación.
Es una denuncia, aunque tardía, contra quien utiliza la figura de López Obrador y la de Claudia Sheinbaum como escudos para evitar rendir cuentas por sus bots digitales, páginas clandestinas de ataque, y actos de corrupción.
No queda otra que su dimisión urgente del cargo que ocupa en Palacio Nacional. El daño a su ya de por sí maltrecha reputación, no se lo quita nadie.
