CARTA ABIERTA
La caída de El Mencho ha sido el golpe de mayor peso que el Estado mexicano ha asestado al crimen organizado en los últimos años. El abatimiento del líder del CJNG define el rumbo de la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Se termina esa etapa de inacción que caracterizó al sexenio anterior (una postura que en los hechos funcionó como una renuncia al ejercicio de la autoridad pública). El Gobierno federal recupera el monopolio de la fuerza y abandona la política de no agresión para enfrentar a las estructuras delictivas de forma directa.
Esta operación de la Secretaría de la Defensa Nacional (bajo el mando del general Ricardo Trevilla Trejo) se aleja de ser un evento ordinario en el historial de violencia del país. Se observa un cambio de fondo: el Estado decide usar sus capacidades sin titubeos.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo decide asumir el costo político y operativo de entrar en un terreno que su predecesor evitó.
Y el éxito de la misión otorga un margen de maniobra necesario ante las presiones de la administración de Donald Trump. Aunque existió un intercambio de datos con agencias estadounidenses (el embajador Ronald Johnson calificó la cooperación como algo sin precedentes), la ejecución y el planeamiento recayeron en las fuerzas federales mexicanas.
El costo humano resultó elevado. Omar García Harfuch confirmó la muerte de veinticinco agentes de la Guardia Nacional, un custodio y un integrante de la Fiscalía General del Estado. Estos sacrificios subrayan la ferocidad del enfrentamiento del domingo.
El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, señaló que este desenlace proyecta una imagen de fortaleza institucional que beneficia las perspectivas económicas y comerciales de cara a la revisión del tratado de libre comercio (TMEC).
La percepción es que el Gobierno morenista busca resultados tangibles para desactivar las críticas sobre su proyecto de seguridad. Es decir, Sheinbaum envía una señal de orden para acabar con la época de las concesiones tácitas.
El mensaje es nítido: el poder civil y el Ejército mexicano actúan en sincronía para recuperar el control del territorio. La presidenta opta por la firmeza y descarta la ambigüedad de los años previos.
Más allá de aceptar que la lucha del Gobierno contra los cárteles está lejos terminar, es evidente es que hay un punto de quiebre que fortalece la imagen de la 4T ante los mexicanos y la Casa Blanca.
Hoy, Sheinbaum parece más Sheinbaum.
