¡No sabía por qué esas apariciones!… ¡Eran sombras deformes que impresionaban!… ¡Estuve a punto de abandonar el trabajo!… ¡Algo removieron desde abajo y los demonios se soltaron!!!
Por más de 40 años de ser un reconocido maestro herrero, don David aceptó realizar un trabajo de instalación y dotación de herrería en la iglesia del pueblo, que en aquel entonces había sido remodelada de manera integral. Debido al cúmulo de trabajo, tuvo que contratar a un chalán para darle solución a ese compromiso, del cual no estaba convencido del todo; pero ante la escasez de ocupación laboral, aceptó, no obstante algunos «detallitos» que iban y venían en esta villa donde vivía.
El señor David dice ser muy creyente en su fe y que cada día que amanece hace sus oraciones para que todo funcione perfectamente; pocas veces pone oído a algunas «cosas» que van de boca en boca respecto a dichos y misterios que la gente cuenta.
—Pero, don David, ¿qué es lo que las personas pregonan en relación con leyendas y misterios? —fue nuestra pregunta curiosa, y un atrevimiento de nuestra parte por el nerviosismo e inquietud que mostraba nuestro entrevistado en su narrativa.
Raudo y veloz como un rayo, don David tenía la respuesta casi en la punta de la lengua (literal), pues era obvio su estado de ánimo.
—Mire, amigo —dijo don David—, en las polvorientas calles de aquella época, la iglesia no estaba en el centro del pueblo, sino un poquito más al interior, donde había varias viejas haciendas cuyas propiedades fueron pasando de generación en generación. Con motivo de las grandes extensiones de tierras de aquellas fincas, un grupo de feligreses le pidió en donación un solar a uno de esos hacendados, y así fue como se hizo la primera iglesia de la zona. Al paso del tiempo, la población fue creciendo y se consolidó una nueva construcción en ese mismo lugar.
Afirma don David que hace algunos años lo contrataron para hacer nuevas puertas, ventanas y diferentes protecciones en algunos sectores de la construcción, y ahí fue cuando comenzó su pesadilla.
—Estaba un día soldando unos ángulos y soleras cuando de pronto siento el peso de una mirada, a lo que hice una pausa y miré alrededor… ¡pero no había nadie!… ¡Yo estaba seguro de que había alguien más en esa área! Reinicio mi trabajo y escuché voces muy cerca de mí… de nuevo interrumpo mi chamba, doy unos pasos alrededor y no encontré a nadie. Mi chalán no había llegado todavía… entonces, ¿quién estaría acompañándome?
El caso fue que el ayudante llegó tarde por un problema familiar. Seguimos trabajando, pero yo ya estaba inquieto; no me permitía concentrarme y de eso se dio cuenta el chalán, que me preguntó: «¿Le pasa algo, don David?». «Nada pasa, muchacho, sigue trabajando», le respondí.
Cuando mi ayudante cumplió con su jornada laboral, yo me quedé trabajando y lo hice a propósito para ver qué era lo que sucedía.
—No pasó mucho tiempo —dice nuestro entrevistado— cuando, de repente, por el rabillo del ojo veo al fondo de un pasillo a un ser demoníaco que me miraba y sonreía… Su mirada era penetrante y me asusté mucho. Miro de manera frontal hacia esa dirección y ese personaje salió por una puerta… ¡Salí corriendo y alcancé a verlo cuando se metía a otra parte de la iglesia!… ¡De nuevo corro, pero ya no supe dónde se escondió!… Mejor me retiré a mi casa; tuve mucho miedo por esa aparición.
Al amanecer, primero me encomendé a mi Dios Padre Creador para que me protegiera de esa «cosa maligna» de ayer. Al llegar a la iglesia encontré al padre José y le conté lo sucedido; este sonrió y me dijo: «¡No te preocupes, hermano!… ¡No son cosas malas!… ¡Son energías que tal vez fueron removidas cuando se remodeló la iglesia y quizá estaban enterradas en la primera construcción!… Eso es lo que me han dicho algunos de los antiguos pobladores».
Don David quedó satisfecho por la explicación del clérigo, pero tampoco estuvo nada quieto durante su trabajo sabiendo que «alguien» estaba cerca de él y que lo distraía constantemente. Fue con su abuelita Matilde, a la que le contó lo ocurrido, y ella le recomendó hacer una ofrenda generosa con flores y frutas, acompañada de oraciones como el Padre Nuestro y el Salmo 91.
—Esas «cosas raras» —manifiesta don David— se fueron calmando y pude terminar mi trabajo.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales consideran que tradicionalmente en las viejas haciendas —no en todas, claro— se practicaban rituales para la cosecha, para la abundancia o para la solución a conflictos de deslindes de terrenos entre vecinos y, en ocasiones, hacían entierros misteriosos en esos predios; pudo ser removida alguna energía.
¿Usted, en su trabajo, ha enfrentado un caso similar?… ¿Es posible que estas energías estén vigentes y usted tenga en su propiedad una entidad parecida?
