Sin Remitente
La oposición anémica que aquí en Tabasco encabeza el locuaz ex priista Manuel Andrade Díaz se ha quedado sin argumentos y recurre al racismo, a la discriminación, cuando intenta desacreditar al subsecretario Pablo Mora, porque nació en Costa Rica, pero que ha hecho su vida en México y en particular en Tabasco. Que ya es mexicano por naturalización y tabasqueño por adopción.
“Mi vida, mi historia, y mi futuro están aquí”, les respondió Pablo Mora a los que intentan infructuosamente restarle autoridad moral y alentar la confrontación entre los morenistas.
No hay ningún delito en que Pablo Mora abrazara a México como su patria y decidido ser parte de Morena, ni mucho menos que haya elegido, atendiendo sus convicciones y principios, servir hoy a los tabasqueños desde el gobierno que lidera Javier May Rodríguez, o lo haga desde cualquier otra posición política si es necesario. Sus derechos políticos y humanos están a salvo, como el de todo mexicano.
Su compromiso con el bienestar de los tabasqueños no está a discusión y lo vemos, por ejemplo, entregado a las jornadas de paz que promueve el gobernador Javier May Rodríguez, y a coadyuvar en la gobernanza del Estado sumando esfuerzos con su jefe y amigo, José Ramiro López Obrador, atendiendo inquietudes de diversos sectores de la entidad, grupos sociales o ciudadanos en general.
En su obsesión por quienes gobiernan y de descalificar todo lo que se hace a favor de los tabasqueños, Manuel Andrade Díaz, otrora ex mandatario, pero hoy evidentemente en una condición decadente que raya en la demencia, ha llegado al extremo de burlarse también de la vestimenta del secretario de gobierno, José Ramiro López Obrador. Como si la ropa definiera la capacidad de un político,- y de cualquier persona-, o ser digno o no de un cargo público o de aspirar a un empleo.
Es evidente que la reacción visceral de Manuel Andrade Díaz en contra del mandatario estatal y sus funcionarios, y al que tristemente se le recuerda por sus excesos y no porque haya hecho algo relevante en su carrera política más allá de presumir que fue el más joven en “gobernar”, tiene mucho de frustración (nunca será senador), de odio (no tolera que hoy gobierne la oposición, los que vienen luchando desde abajo y desde la izquierda) y también clasismo (quiere que regrese la élite política que lo sacó de caballerango traicionando a su ex patrón Arturo Núñez Jiménez, y que mal gobernó).
La degeneración de Manuel Andrade Díaz, lo llevó en poco tiempo a pasar de ser un político presuntamente sensato, hasta un poco respetado, a un merolico de las redes sociales, -incluso demandado por paternidad y pensión-, desde donde vocifera, difama, insulta y exhibe penosamente su triste decadencia. Jamás volverá a sentarse en la Quinta Grijalva con Vicente Fox a comerse un plato de frijol ni a protagonizar escándalos amorosos, con cargos al erario, que fueron la portada del entonces Rumbo Nuevo. Ambos políticos ya pasaron al basurero de la historia.


