En ese lugar había algo enigmático. Se extraviaban muchas herramientas, nos espantaban cuando nos quedábamos a dormir. Algo muy raro guarda esta zona. Algunos creían que allí hubo un asentamiento arqueológico y dejaron al descubierto un «sello» con maleficio.
Parte de esta historia nos la relata Josué, quien se empleó como albañil más de dos años en esa conocida plaza, Altos Aires, y que durante su construcción sucedieron tantas cosas que nunca trascendieron públicamente, dada la dinámica laboral que había en la edificación.
Josué, en aquel entonces, era un joven con muchas ganas por destacar en cualquier oficio, pues había interrumpido sus estudios debido a una penosa enfermedad de su padre.
A los tres años de haber entrado en funciones, esta plaza se inauguró en diciembre de 2011, y aunque todo marchaba como miel sobre hojuelas, nunca han faltado los incidentes y accidentes dentro y fuera de dichas elegantes instalaciones, propiedad de uno de los más encumbrados consorcios financieros.
Con motivo de los últimos acontecimientos, hurgando en nuestros archivos, pudimos encontrar aquella pequeña entrevista a Josué en aquel 2014, cuando estuvo de vacaciones unos días en la entidad, porque ya estaba radicando en Cancún, Quintana Roo. Fue en ese entonces que recordó cuando trabajó en esa gran obra con tanto maleficio.
Nos platicó Josué que hubo muchas cosas que pudieron ser motivo fuerte para dejar la chamba, pero debido a la necesidad siguió de frente, al igual que otro tanto de compañeros trabajadores.
Narra Josué que ellos, al iniciar en ese trabajo, nadie sabía de quién o quiénes habían sido esos terrenos, pero a como pasaban los meses, se fueron enterando y relacionando algunos sucesos como aquel del jinete de negro en un enorme caballo negro, que en la oscuridad de la madrugada se movía en las tinieblas. Nos provocaba mucho miedo.
Al día siguiente, lo comentábamos con el jefe de la cuadrilla y nos decía que no pusiéramos atención en algo que no existía. «Lo único que aquí vale es su trabajo, así que a trabajar».
De pronto, durante la excavación, encontrábamos piedras muy grandes tipo caliza. Después, otras como aquellas de las pirámides mayas y olmecas, pero todas iban al mismo lugar: a destruirlas y compactar algunos sectores.
Como era una gran obra, hubo derrumbes donde algunos compañeros estuvimos a punto de morir. Claro, en otros tramos se habló de graves accidentes, pero no alcanzamos a ver ni comprobar, porque las distancias para llegar de un extremo a otro eran muy largas.
Dejó en claro Josué en aquel 2014 que, hasta ese entonces, no había sucedido nada que llamara la atención por esa obra donde muchos creemos que fue un asentamiento arqueológico, porque después, ya estando en Cancún, nos enteramos de que se hicieron algunos fraccionamientos atrás de donde estuvimos y también sucedieron algunos hechos indescriptibles, como apariciones y algunas excavaciones de material pétreo no común y corriente. Se llegó a considerar, cuando nosotros trabajábamos, que se había violado algún «sello» prehispánico y esto traería algún maleficio a esta construcción.
Es más, en esa temporada que trabajé ahí —apunta Josué—, encontramos una gigantesca piedra que, por su descomunal tamaño, solo fue removida con varias máquinas y precisamente tenía un compuesto diferente, que según ha trascendido, se exhibe como testimonio en ese centro comercial, en su área de estacionamiento. Le prohíben tomar fotografías. ¿Por qué será?
En esa plaza se han registrado incendios inexplicables, aunque oficialmente se diga que son cortocircuitos, asaltos espectaculares, inundaciones y desplomes estructurales.
En la actualidad, se dicen muchas historietas, como aquella de que su anterior dueño tenía pacto o acuerdos con el amo de las tinieblas y que esa persona caminaba a pie y en su corcel de gran talla.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales, creen que en los cimientos de esta zona se podría encerrar algo enigmático, místico y con maleficio. En caso de ser un asentamiento arqueológico, pudo haber sido roto un «sello» prehispánico y exista un embrujo, dado tantos sucesos que mantiene activos sus efectos. ¿Y la invasión a un supuesto altar ancestral? ¿Cree usted en esas leyendas mitológicas? ¿Será posible encontrar unos vestigios arqueológicos en tan céntrico lugar? ¿Habrá combinación de esas energías acumuladas entre los espíritus de la cultura olmeca y las oscuras fuerzas del rey de las tinieblas? En otras partes del orbe se han documentado actividades endemoniadas, cuando son violados «sellos» de algunas culturas. ¿Será la misma historia aquí?
