La ola conservadora en América Latina tiene efectos directos sobre México: empuja al aislamiento diplomático y político de la 4T en un hemisferio que ya no responde a sus afinidades ideológicas, y coloca en riesgo las influencias, alianzas y narrativas de campaña de cara a 2027.
En Colombia ganó el derechista Abelardo de la Espriella, cuyo triunfo fue reconocido ayer miércoles por Iván Cepeda, cerrando así una votación ajustada que deja el poder ejecutivo fuera de la izquierda de Gustavo Petro, muy amigo de Claudia Sheinbaum. En Perú, Keiko Fujimori asegura la victoria tras rechazarse la impugnación de Óscar Sánchez que buscaba anular votos del exterior.
A este bloque se suman otras victorias recientes del conservadurismo: José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras, Rodrigo Paz en Bolivia y Daniel Noboa en Ecuador, además de procesos previos que llevaron a la presidencia a Javier Milei en Argentina, a Nayib Bukele en El Salvador y a otros líderes de derecha en la región.
Frente a ese mapa, los gobiernos que hoy se identifican como izquierda se reducen a Brasil bajo Lula, Cuba con Miguel Díaz-Canel, Nicaragua con el dictador Daniel Ortega, Uruguay con Yamandú Orsi, y México bajo la 4T. Esta minoría revela que la correlación de fuerzas en América Latina ya no favorece a las agendas progresistas. Por eso, de aliado regional, la 4T corre el riesgo de ser una excepción aislada, si es que, como todo indica, la isla es la siguiente en caer.
La influencia de Donald Trump —y en especial su red política regional articulada por medio de Marco Rubio— ha sido decisiva para la movilización y el financiamiento que hoy benefician a candidaturas de la derecha en la región.
Es decir, el resurgimiento conservador se explica por el respaldo político y mediático desde Estados Unidos. Esa ‘doctrina Donroe’ refuerza narrativas antiizquierda y facilita la coordinación entre partidos afines, con consecuencias en diversos frentes.
Por todo esto es que la iniciativa constitucional impulsada por Ricardo Monreal, que declara nula una elección si se demuestra injerencia extranjera, cobra una dimensión mayor en un momento en que la influencia de Washington es cada vez más visible.
La 4T se está quedando sin amigos ideológicos en América Latina, enfrentando un cambio estructural del tablero regional que es una amenaza política y electoral de cara a 2027. En estas condiciones, la estrategia de Morena necesita reinventarse frente a las presiones cada vez más fuertes de Donald Trump, quien, contra lo que se decía, sí parece importarle lo que pasa en el plano electoral de México.

