TIEMPO DE POLÍTICA
Está en proceso de revisión el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que en el caso de nuestro país en 2025 tuvo un intercambio comercial con EU de 872 mil millones de dólares, con una balanza a nuestro favor por 198 mil millones de dólares.
Esta relación entre exportación e importación de productos y servicios es entre empresas del sector privado y está sujeta a su ubicación en determinados estados del país, es decir, el total de esa millonada y su ganancia no se reparte entre las 32 entidades del país, porque no es un presupuesto público, sino la producción y comercialización regidas por el libre mercado.
De hecho, la continuidad del T-MEC le sonreirá a determinados estados, pero pasará de noche para otros e incluso amenaza con profundizar la brecha de desigualdad regional, según explica en entrevista en el portal Mi Bolsillo María Solís, analista de la Organización México:
Los beneficios del acuerdo comercial y la actual ola de relocalización de empresas (nearshoring) corren el riesgo de concentrarse exclusivamente en el norte y el Bajío, dejando a los estados del sur y sureste en una situación de exclusión económica crítica.
Profundiza la especialista que el dinamismo exportador de México ha sido históricamente desigual, beneficiando a entidades con capacidades productivas consolidadas, infraestructura desarrollada y vinculación con cadenas globales de valor, mientras que el sur ha quedado rezagado.
Debemos puntualizar que en los estados del sureste y de Tabasco que es nuestro mayor interés, ha existido un divorció histórico entre los sectores productivos y el académico, para crear mano de obra calificada indispensable para producir manufacturas demandadas nacional e internacionalmente.
Al respecto la economista del área de concentración de finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) María Solís explica que esta disparidad no es casual, sino el resultado de asimetrías estructurales en infraestructura logística, energética y de capital humano especializado que no han sido corregidas:
“El riesgo es que, si no se invierte en infraestructura, en energía, en conectividad, en capacitación, el T-MEC profundice una economía polarizada”, sentenció Solís.
Por ello, agrega, esta polarización divide al país en dos realidades: una región altamente integrada a Norteamérica con empleos de calidad y bien remunerados, y otra que permanece al margen del crecimiento.
La especialista explicó que las industrias de alto valor agregado, que son las que más aprovechan las ventajas del tratado, requieren condiciones que actualmente el sur no ofrece de manera competitiva:
“Las regiones en mayor riesgo de quedarse sin los beneficios del T-MEC son las que no están vinculadas a las cadenas de suministro de América del Norte. Principalmente hablamos de la zona sureste del país y de zonas con menor infraestructura logística e energética”, puntualizó.
Con el anterior análisis de la economista del ITAM, podemos entender por qué Tabasco es importador neto de bienes y servicios ubicados en los sectores secundario y terciario de la economía, que deja a su población con poca oferta de empleos y sobre todo mejor pagados con relación al centro y norte del país.
Los estados del sureste han mostrado históricamente una limitada capacidad exportadora debido a su dependencia del sector primario y la insuficiente infraestructura logística.
En consecuencia, se debe asumir que los programas sociales deben ser estrategias de corto y mediano plazos, para contrarrestar desigualdades de los grupos vulnerables, pero no pueden ser destino histórico para ningún pueblo que aspire a un desarrollo económico propio, competitivo y autosuficiente regionalmente.
TIEMPO FUERA.- El gran reto para los gobiernos presentes y futuros, para los sectores empresariales, laborales y académicos, es cómo insertar a Tabasco en las dinámicas económicas del país: ahora están el Mundial de Futbol y en proceso la revisión del T-MEC, pero no debe pasarse de largo tampoco el Tren Maya y los 20 millones de turistas que llegan anualmente a la Riviera Maya y el Plan México 2030 con 270 mil millones de dólares presupuestados en inversiones. ¿Cuál es la rebanada de todo ese pastel a la que debe aspirar Tabasco?

