CARTA ABIERTA
La industria automotriz mexicana enfrenta una crisis que pone en riesgo su papel como pilar del PIB manufacturero. Este sector, que representa el 4.5% del PIB nacional y cerca del 20% del manufacturero, genera más de un millón de empleos directos y 3.5 millones indirectos.
La amenaza de aranceles estadounidenses del 25% y la decisión de firmas como Toyota, Stellantis, Nissan y Honda de trasladar o reducir líneas de producción hacia EE. UU. son una pérdida acelerada de competitividad.
Enrique Quintana, en su columna de El Financiero, señala que esta situación presiona la administración de Claudia Sheinbaum y pone en peligro el T-MEC, ante la falta de recursos locales para igualar los subsidios de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) estadounidense.
De acuerdo a Quintana, los indicadores actuales son críticos: las exportaciones de vehículos ligeros han caído un 9.2%, mientras que las compras estadounidenses de automóviles y autopartes mexicanas han descendido un 11.3%.
Con un arancel efectivo cercano al 19% para ingresar a EE. UU., los incentivos del T-MEC se debilitan, impactando negativamente la Inversión Extranjera Directa. Esta contracción amenaza el desarrollo de clústeres industriales en el Bajío y el norte del país, además de reducir el flujo de divisas.
El escenario se agrava por la penetración de vehículos eléctricos y camiones chinos en el mercado nacional, que alcanzaron un récord de más de 570 mil unidades anuales. Mientras la producción nacional pierde capacidad de exportación a Norteamérica por barreras comerciales y presiones políticas, los consumidores mexicanos favorecen a la industria asiática, en lugar de compensar la caída de las exportaciones.
La posición negociadora del gobierno morenista ante Washington se ve debilitada por fricciones diplomáticas en temas de los carteles de la droga, y la extradición fallida de narcopolíticos, como el caso de Rubén Rocha Moya. Esto lleva a que Trump utilice la presión comercial y los aranceles como moneda de cambio.
La ‘tormenta perfecta’ de pérdida de competitividad, flujos comerciales a la baja, subsidios extranjeros inalcanzables y la crisis diplomática sin precedente con Estados Unidos, deja a México en medio de una fragilidad institucional y económica.
Viendo el vaso medio lleno, esta es una oportunidad para una reestructuración urgente de la política industrial y exterior. Viendo el vaso medio vacío, se avecina una desaceleración profunda que llevará a una recesión de grave impacto para nuestra economía.

