Anacleto Rabadilla está recontento, pues se sacó dos boletos en un sorteo que realizó un aspirante político morenista, y pensaba ir con su peor es nada, ya que solo en el béisbol es donde ella no se pone celosa si admira las curvas que lanzan.
Pero en el camino se encontró a Segismundo Raboverde, quien venía más enojado que Chilo Baila cuando le quitaron la alcaldía de Jalpa a la malagueña salerosa.
Y le lanzó la pregunta a 90 millas por hora:
—¿Por qué tan contento, mi Segis?
Y este rezongó:
—Me pasé 10 horas en taquilla y no alcancé ni un triste boleto, y estoy más enmuinado porque a algunos políticos, jijos de su tal por cual, les dieron 25 boletos sin hacer cola y los rifaron; ojalá los castigue Chucho Selván, porque fueron aspirantes morenistas los que lucraron con nuestra afición de ver campeones a los Olmecas.
—No te desesperes, Pérez, ni te precipites, Pites, ni te azotes, Totes; yo fui uno de esos agraciados: me pidieron que mandara una foto al estilo del Toro Valenzuela cuando lanzaba, y mi revirada de ojos fue la mejor, y es que la practico todos los días porque así le hace mi vieja cuando me ve venir bien jumo.
Y antes de que le lanzara una retahíla de insultos y se le abalanzara a trancazos, Anacleto paró en seco a Segis ofreciéndole un boleto para que ambos fueran a disfrutar el juego.
Ya así, más calmado de los nervios y con 5 cerbatanas muertas entre pecho y espalda, disfrutadas en «El Carnitas», Segis, luego de un exponencial eructo, soltó una sonrisa mostrando sus dientes de lata combinados con butifarra y restos de costillas; de ahí se lanzaron al Centenario, a pincel. Y como dijo el gober, «en el pedir está el dar», allá siguieron pidiendo chelas y le dieron duro.
Ején: excelente la presentación del libro Los ladrillos que otros tiran, de Raúl Torres Fócil, «el Mago Chong-Tall», y Vicente Gómez Montero (q. e. p. d.).
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