¡Este endemoniado ser me sigue desde que era yo soltera!… ¡con tan solo mencionar su nombre se aparece!… ¡es muy sofocante ser perseguida por esta negativa energía!… ¡con orientación de un sacerdote logré librarme de él!
A estas alturas de su existencia, que rebasa las seis décadas, doña Margarita se atreve a contarnos la terrible y espantosa experiencia que la mantuvo con el ¡Jesús! en la boca.
Y es que doña Margarita presume orgullosamente que toda su familia profesa la religión católica: «Formamos parte de los diferentes círculos de oración, grupos de adoración y otros más, donde estudiamos la Sagrada Biblia. En el núcleo familiar acudimos frecuentemente a los servicios religiosos de nuestra comunidad; por tanto, estamos consagrados a las actividades para fortalecer nuestros conocimientos de la fe y convivir cordialmente con nuestros semejantes».
«Recuerdo —dice doña Margarita— que tenía 18 años y todavía vivía con mis padres en el medio rural, cuando de pronto algo me tenía inquieta. Apenas me había recostado, pues en mi familia, al caer la noche, todos nos vamos a descansar para despertarnos temprano. Aquella inquietud se volvió sofocante y, después de hacer mis oraciones, pude conciliar el sueño y superar esa inquietud inexplicablemente. En una de esas noches, ya en plena madrugada, algo insólito me despertó… ¡¡¡Alguien me hablaba al oído!!!… ¡Había un susurro que no lograba escuchar perfectamente!… ¡No sabía qué era lo que ese alguien me decía!… ¡Ya despierta estaba yo, pero tal vez paralizada por el miedo que me invadía! Sin hacer movimientos bruscos, pude abrir lentamente un ojo y, desde esa perspectiva, miré los pequeños rayos de la luna que entraban a mi habitación… ¡En las paredes se formaban raras y muy extrañas imágenes de seres demoníacos! El nerviosismo aumentaba cada segundo porque no sabía lo que estaba sucediendo en mi espacio y dormitorio… Y fue ahora que ya pude abrir los dos ojos y disimuladamente me fui acomodando para tener una mayor dimensión visual… ¡Eran imágenes de demonios que se movían de un lado a otro dentro de mi cuarto!».
No sabe en qué momento, asegura Margarita, se fueron desapareciendo esas siluetas… Pero vino lo peor… De pronto, frente a mí, ¡estaba un horrendo ser que me miraba fijamente y me dijo que siempre estaría cerca de mí!… ¡Que me seguiría a todas partes!… ¡Que no me dejaría en paz!
Esas apariciones fueron muy frecuentes y por muchos años.
En una de esas ocasiones, dada la situación de verlo constantemente, me armé de valor y le pregunté: «¿Por qué a mí?… ¿Por qué conmigo?… ¿Qué hice yo para tener esta terrible situación?».
De inmediato, esa «cosa» horrible me respondió: «¡Por cuestiones de la vida tendrás estas apariciones!».
Después de tantos años, por motivos de estudios, me vine a Villahermosa; luego me casé y pensé que aquello sucedido en casa de mis padres había sido una mala experiencia y que, por cuestiones de la vegetación en el entorno de la vivienda de mis padres, se habían dado esas apariciones.
Pero no fue así. En una ocasión se volvió a repetir la aparición de ese ser maléfico ¡y extraño demonio!
En ocasiones mi despertar fue brusco y sorpresivo ¡porque de nuevo escuchaba voces al oído!
Llegué al grado de volver a soñar con esa energía ¡y que me decía su nombre!… ¡Síiiiii… me dijo su diabólico nombre (que, dicho sea de paso, es impronunciable)! ¡El miedo y el terror se apoderaron de mí!
«En una acción inverosímil, señor periodista —nos dijo la señora Margarita—, escuché el timbre del teléfono y, al contestar, esto fue lo que escuché: «¿Soy (…) y estoy nuevamente contigo?»».
Tiré el auricular y el susto fue mayúsculo.
Ya en la noche, cuando dormía, se me volvió a aparecer y me hablaba al oído… Fue tanto el pánico que creí que ahí estaba, en mi casa, y corrí a donde estaba mi esposo, quien de inmediato buscó por todas partes, pero no encontramos nada.
Al día siguiente, en la madrugada, lo escuché al oído, y ahí claramente ahora sí me dijo que, si quería no volver a verlo ni oírlo, le rezara un salmo (del que por temor y seguridad no se dice su número) y que al mismo tiempo se dijera su nombre.
Doña Margarita lo platicó con una comadre y esta le recomendó hacer todo eso para acabar con esa pesadilla, pero que primero acudiera con un sacerdote para tener otra opinión.
Y ya al comentar toda esta historia al cura, este se puso nervioso y le aseguró que es un salmo no muy común de rezar, y menos en estas condiciones con su nombre, pero que si con esta acción se terminaba el pánico y el terror, que lo hiciera.
De tal manera que doña Margarita lo rezó ¡y expresó la identificación del Innombrable!
Después de toda esa recomendación religiosa, la pesadilla se fue: ¡nunca más se le apareció ni en sueños!

