EL COFRE DEL SILENCIO
Mientras maestros y médicos pueden enfrentar persecuciones por acusaciones cuestionables o errores administrativos, Francisco Garduño Yáñez obtiene una salida judicial en el caso de los 40 migrantes muertos en Ciudad, Juárez. ¿justicia para todos o privilegios para quienes tienen poder?
Hay errores que cuestan un empleo, una carrera profesional y hasta la libertad y hay tragedias que terminan con decenas de muertos, pero la responsabilidad se diluye cuando los señalados ocupan una silla importante dentro del gobierno…En México la justicia tiene una vieja costumbre, no siempre pasa lo mismo para todos, el 27 de marzo de 2023 un incendio en una estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, dejó un saldo de 40 muertos y decenas de lesionados…La tragedia no ocurrió en una casa particular, sucedió bajo la custodia de una institución pública, en un lugar donde el gobierno tenía la obligación de proteger la vida y la integridad de los detenidos…Uno de los personajes colocados bajo el reflector de la tragedia fue Francisco Garduño Yáñez, entonces titular del Instituto Nacional de Migración…En esta tragedia quien tenía la responsabilidad directa, al final resultó absuelto de toda culpa, lo que pone bajo la lupa el actuar de las autoridades judiciales…Mientras que un maestro que comete una irregularidad administrativa puede encontrarse con un procedimiento que amenaza su estabilidad laboral o un médico que es acusado de una presunta negligencia puede enfrentar una investigación capaz de destruir años de prestigio profesional, hay casos donde ni por el hecho de existir decenas de decesos, el responsable es tocado ni por el pétalo de una rosa…En el episodio donde murieron 40 migrantes y donde quedó demostrada la mala actuación de los responsables del albergue, el titular del Instituto Nacional de Migración Francisco Garduño Yáñez, fue enviado a tomar cursos para no seguir “haciendo travesuras”…Todo parece indicar que a pesar de esa gran tragedia, los responsables institucionales continúan con su “exitoso” camino sin que la sociedad recibiera una respuesta suficientemente convincente…De ahí la pertinencia de aquella frase infantil que da título a esta columna: “Mamá, soy Paquito, no haré travesuras”, porque la ironía no está en el nombre ni en la persona por sí mismos, está en la posibilidad de que un asunto de enorme gravedad termine tratado como una travesura administrativa…La Cuarta Transformación prometió acabar con los privilegios, combatir la corrupción y colocar a las víctimas en el centro de la actuación pública, por lo que esas promesas no pueden aplicarse únicamente a los adversarios políticos…La vara debe ser la misma para todos, para el maestro, para el médico, para el funcionario menor y para quien encabeza una institución federal…Porque los 40 migrantes de Ciudad Juárez no eran cifras en un informe ni daños colaterales de una política pública, eran personas con nombres, familias, sueños y ninguno de ellos pudo salir del infierno para contar su historia…A tres años de la tragedia la pregunta sigue siendo incómoda: ¿la justicia se aplicó con el mismo rigor que se exige a los demás?, porque una cosa es cumplir con la ley y otra muy distinta es convencer a la sociedad que hubo justicia…A Paquito no se le aplicó ninguna sanción penal, bastó con una disculpa pública, tomar capacitación en protección civil y derechos humanos, es decir, tapar el pozo después del niño ahogado, y pagar la reparación de daños, que dicho sea de paso, se liquidó con dinero público…Hoy Francisco se desempeña como Director General de Centros de Formación para el Trabajo, seguramente ya con los conocimientos adquiridos en los cursos que tomó, nadie corre peligro en los talleres donde se imparten las capacitaciones…Este es nuestro México lindo y querido, donde un maestro es cesado por un error administrativo y un responsable de 40 muertes es premiado con otro cargo por el sólo hecho de pertenecer a la nomenclatura en el poder…Hasta la próxima.

