¡Nunca me imaginé lo que contenía esa caja para entregar!… ¡había mucha insistencia de NO abrirla!… ¡por norma no podemos abrir ningún paquete!… ¡algo terrible transportaba y yo sin saberlo!!!
Soy un empleado del llamado Servicio de Moto Mandado con su respectivo registro, pero por cuestiones de seguridad se omite; así comenzó su relato el joven Eduardo, a quien le causa escalofríos recordar esa impresionante experiencia.
Dice Lalo ser uno más del inmenso ejército de jóvenes que buscamos «la chuleta» con este trabajo peligroso por el desplazamiento que hacemos al entregar los paquetes que son conectados por medio de la plataforma.
Y hay que decirlo, sí es un alto riesgo hoy conducir una motocicleta, porque en mi caso personal, yo tengo más de 8 años manejando este tipo de transporte y lo hago con mucho cuidado para evitar accidentes.
De la misma manera, Eduardo asegura que hay muchos conductores de coches a los que no les caemos bien, porque ciertamente hay compañeros que por hacer más servicios cometen imprudencias en las calles.
En mi caso, comenta Eduardo, he procurado cumplir con todas las formalidades de la ley de tránsito, como es respetar los semáforos, las rayas amarillas peatonales, dar el paso, evitar hacer maniobras peligrosas, respetar las restricciones de velocidad y muchas cosas más. Y todo porque cuando era más joven estuve a punto de tener un accidente y eso me sirvió para pensarlo dos veces.
En este trabajo se expone cualquier motociclista, pero me esmero en cumplir correctamente mis servicios.
Metiéndose de lleno al tema de hoy, que es una experiencia muy complicada, comenta que le tocó un servicio de ir a un domicilio a buscar un paquete en la avenida 27 de Febrero, y sin muchos contratiempos llegué al lugar señalado por la guía digital.
Al estar en ese domicilio, la fémina que salió a atenderme me propuso que, por darme un dinero extra, llevara un paquete a una dirección adicional que me indicaría en la guía digital y que estaba como a cuatro cuadras.
Al aceptar y estar de acuerdo, dicha mujer me reiteró que por ningún motivo abriera el paquete… por favor… ¿de ninguna manera vayas a destapar este paquete? Y le juré que NO tenía motivos para abusar de la confianza y no era mi estilo crear incertidumbre en los clientes.
Seguí la trayectoria que se me marcó y, en ese intermedio, en un crucero muy complicado por la movilización vehicular, un conductor estuvo a punto de colisionar conmigo porque se pasó el alto del semáforo, pero afortunadamente pude maniobrar y se movió bruscamente la mochila que llevaba en la espalda.
Ya casi llegando al destino de la entrega, me di cuenta de que la entrega sería en el interior del panteón… ¡sí, en el panteón!
Superada la acción extraña de ese servicio, llegué al lugar indicado y la entrega era en una banca frente a un sepulcro… antes de depositar el paquete lo revisé para cerciorarme de si acaso tenía algún rasguño cuando momentos antes iba a colisionar con un vehículo que se pasó el alto.
Tomé el paquete y su tapa estaba desajustada de su formato original; sin hacer mayores movimientos, esa caja quedó al descubierto, mirando yo su contenido… ¡era una foto amarrada, cintas de colores, hierbas con extraños olores, tierra, ceniza, una oración y un siniestro mecate con varios nudos y otras cosas que ya no recuerdo!
De pronto sentí un intenso escalofrío, me vino un dolor de cabeza, comencé a sudar demasiado, me puse nervioso, miré a todos lados por si alguien me observaba, escuché voces y risas cercanas pero sin saber exactamente de dónde provenían… volví a tapar el paquete y lo dejé donde se me indicó.
Salí rápidamente del panteón y me fui muy pensativo… no sabía qué había sucedido. Ya a unas cuadras adelante sentí un jalón en la mochila que llevaba en la espalda… después un tirón en la pierna derecha… ¡y nadie más iba conmigo en la moto!
Procedí a buscar un parque cercano y ahí me senté para revisar la mochila, que estaba vacía; luego revisé mi pantalón… algo extraño me había pasado.
Como a la semana junté un dinerito y fui a uno de esos brujos del mercado y me hice una limpia, porque ya eran varias cosas raras que me habían sucedido.
El hechicero, como a las tres sesiones, me comentó: «¡Se te pasó «el muerto» por las filtraciones de ese paquete y tú eras la persona más cercana a ese bulto!».
Después de más de dos meses, todo volvió a la normalidad en cuestiones personales, porque ciertamente gasté un dinerito, ¡pero ya me liberé de esas cosas que me causaban terror e incertidumbre!
Hoy en día, y después de ese amargo sabor de boca, me retiré de ese servicio de plataforma y trabajo en mi motocicleta, pero al servicio de una refaccionaria donde verifico personalmente lo que se lleva a los diferentes talleres mecánicos.


