¡Por estar bloqueada la carretera, tomé un atajo del camino y fue escalofriante! ¡… Ese hombre que encontré varias veces tenía algo terrible! ¡… Uno nunca sabe con quién se encontrará de frente!
De oficio taxista, Roberto debe entregar lo ganado en su turno para, después de concluir su jornal, llevar la unidad y el dinero a su patrón.
Esta es la rutina de Beto, quien desde muy joven maneja autos de alquiler; hoy ya es un hombre de mediana edad que trabaja con muchas ganas para llevar el sustento diario a su familia.
Vive en una de las villas del municipio de Centro, y comenta que en este sector donde presta sus servicios y vive también, es muy frecuente que haya bloqueos en la carretera, ya sea por falta de energía eléctrica, por contaminación y trabajos abusivos de Pemex, o por reclamos por la quema de transformadores, sin soslayar la falta de agua potable en muchas zonas.
Dice Roberto que nunca faltan los motivos para cerrar importantes vías de comunicación, algunas muy justas por la omisión de las autoridades y otras porque el gobierno les ha prometido y no les cumple.
—Como yo no soy político, ni me meto en esas cosas de campañas, yo respeto a todo mundo; sea quien sea a quien le preste mi servicio, el pago puntual es la recompensa a mi trabajo.
Digo lo anterior, porque en ocasiones también hay cierre de carretera por el cambio de una maestra o la falta de claridad en la cuenta de las asociaciones de padres de familia, y es lo que digo… Pretextos no faltan para los bloqueos y estas acciones muchas veces nos perjudican por el gasto de la gasolina y ya no nos sale el día.
De la misma manera —dice don Roberto—, el año pasado para estas fechas, después de que ya había completado la tarifa del patrón, me quedó el suficiente dinero para mí; me dispuse a irme a mi casa para descansar porque ese día había estado muy movido.
Llevé pasajeros a Villahermosa, decidí dejar a los que llevaba de regreso y luego retirarme.
Ya con el coche sin usuarios, vuelvo a la carretera para llenar el tanque de gasolina; en el lugar adonde llego siempre, había un poco de cola para el servicio.
Todo parecía normal cuando, ya en carretera, veo algunos sectores sin el alumbrado público, y es que no faltaba mucho para llegar a la villa. De pronto se empezó a hacer una larga fila de vehículos y, al preguntar a otros choferes, comentaron de la quema de un transformador y que la CFE no mandaba la cuadrilla para la reparación de la falla.
De tal forma que los choferes comenzamos a buscar la manera de llegar a la villa por otros caminos… Unos agarraban por un rumbo y otros por los menos frecuentados en esta interrupción de la carretera.
Ahora bien, me metí por un atajo de camino donde muy pocas veces se ve vehículo alguno, porque hay mucha vegetación, es de tierra y grava, y no hay alumbrado público… Realmente es un camino vecinal donde pasan caballos y mucho ganado.
Mi velocidad era lenta por la dificultad del mismo camino… De pronto, en la oscuridad alcanzo a ver a una persona caminando a la orilla de la vereda… En efecto, era un hombre joven que llevaba la cabeza hacia abajo, como mirando cuidadosamente dónde pisaba.
Como no conozco muy bien ese lugar, no me paré a preguntar, porque lo que yo quería era llegar a la casa del patrón.
Seguí mi trayectoria, pero más adelante volví a ver al mismo hombre de metros atrás… ¡Ahora otra vez de frente a mí!… ¡Lo volví a pasar!
En mi interior dije que estaba seguro de que era el mismo hombre por segunda ocasión… Y frené el auto para mirar por el espejo retrovisor y, con el stop automático, pude verlo frente a mí; la oscuridad no me permitió verlo claramente.
Armado de valor para ver qué sucedía, me bajé del taxi… Pero esta siniestra persona ya caminaba en sentido contrario a mí… Y ya no pude preguntarle si necesitaba algo.
Por este extraño atajo pude llegar por fin a la casa de mi jefe, entregué cuentas y el vehículo, pero no le comenté del suceso anterior por temor a que me llamara la atención por venirme por ese raro camino de tierra y grava en muy mal estado.
Al llegar a mi casa, mi esposa se dio cuenta de mi nerviosismo y cara de preocupación… ¿Qué te pasa, Beto?… ¿Sucede algo?… Me cuestionó Elvira.
Le pedí que me tuviera paciencia y que, después de bañarme y cambiarme, le contaría. Para eso, ya mi mamá, que vive con nosotros, estaba presente ante la preocupación de mi esposa.
Pues bien, después de contarles toda la pesadilla vivida en ese atajo del camino provocado por el bloqueo carretero, Elvira estaba muy asustada y miró a mi madre para esperar su opinión al respecto.
Fue entonces que mi madrecita me pidió que al día siguiente fuera yo al mismo camino vecinal, buscara en ese mismo atajo una cruz o un nicho donde probablemente hubiera muerto alguna persona; esa aparición se debía a que es un ánima en pena cuyos familiares tal vez ya no vivan en esa zona o se hayan olvidado de ella… ¡Ahí es donde tú le colocarás una veladora y le rezarás un Padre Nuestro!… ¡Para que descanse en paz!
De verdad que así lo hice, tal como me dijo mi madre y, en efecto, después de buscar durante mucho tiempo, ahí estaba un nicho muy deteriorado donde no se sabe quién ni cómo murió en ese lugar… ¡Vagaba como ánima en pena!
Nunca más tuve necesidad de volver a recorrer ese atajo que me salvó en aquella ocasión.
¿Tiene usted algún familiar fallecido en el olvido?… ¿Ha visto a un ánima penando?… ¿Es valiente usted y le gustaría tener un encuentro casual?


