CARTA ABIERTA
El escenario en la casona de 16 de Septiembre muestra una escena donde los hilos los mueve una mano desde las cloacas del Congreso de la Unión: Erubiel Alonso, quien ha tomado el control absoluto de un PRI que respira con tanque de oxígeno.
Su dominio es tal que Miguel Barrueta Cambrano, dirigente oficial, se ha desdibujado hasta quedar reducido a un aliado de paso en los planes de su superior y benefactor político. Esta alianza busca desplazar cualquier obstáculo que impida a Alonso hacerse con las posiciones de mayor peso electoral.
Como todo mundo sabe, el plan es que Erubiel Alonso arrebate la postulación a la Alcaldía de Centro al diputado local Fabián Granier (quien mantiene una ventaja considerable en las mediciones de intención de voto) para después perfilarse hacia la candidatura al Gobierno del Estado.
Existe, sin embargo, un error de cálculo que amenaza con desprender los alfileres que aún sostienen al partido. Los votos que el priismo conserva en la entidad tiene un nombre: Andrés Granier. Sin el respaldo del exgobernador, la posibilidad de alcanzar el 3% de la votación mínima para mantener el registro legal se desvanece.
La llegada de Pedro Gutiérrez Gutiérrez como delegado del Comité Ejecutivo Nacional parecía un intento de reorganización interna. No obstante, su actitud denota una aceptación tácita del mando ejercido por Alonso. Se observa la formación de un bloque de todos contra los Granier, aun cuando esto implique la desaparición de las siglas.
La evidencia más clara de esta felonía ocurrió cuando el gobernador May señaló a los exmandatarios Andrés Granier y Arturo Núñez Jiménez como responsables de la crisis en el Instituto de Seguridad Social del Estado de Tabasco (ISSET). La falta de una defensa institucional por parte de la dirigencia priista dejó al “Químico” en total desprotección frente a los señalamientos oficiales.
Este canibalismo e hipocresía marca el fin de una era tricolor que gobernó Tabasco por setenta años. Erubiel parece redactar su propio epitafio al frente de un grupo que, en su afán de control, entrega el espacio opositor a Movimiento Ciudadano o al PRD.
Ante este maltrato evidente, surge la duda sobre la permanencia de los Granier en un espacio donde solo se les busca para obtener votos en las elecciones.
Esta es la realidad de un partido con intrigas al por mayor, que va derechito a su desaparición. Es algo que, de forma inexplicable, pide a gritos el grupo erubielista que ahora manda en 16 de Septiembre. Y esto es muy sospechoso.



