Tiempo de Política
Es tiempo de analizar las circunstancias y la estrategia alimentaria mexicana que acrecientan la dependencia del consumo de granos con los Estados Unidos.
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá es un factor indirecto de las causas de la importación de millones de toneladas de maíz, que crecen año con año.
Ya es oportuno evaluar las limitaciones del programa “Sembrando Vida” para producir el maíz que demandan los 134 millones de mexicanos, que si bien la mayor parte es para consumo animal, indirectamente forma parte de la cadena alimenticia humana, incluyendo el destinado para la industria de los cereales procesados, doblememente dañino por ser un grano transgénico.
Por segundo día consecutivo el periódico La Jornada aborda las alarmantes cifras de la dependencia alimentaria nacional.
Compara con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), que en 1993 –año previo a la entrada en vigor del tratado– México compró a estadunidenses 286 mil 874 toneladas de maíz, mientras en 2025 se ubicaron en 26 millones 112 mil 845 toneladas.
No se debe urgar mucho para concluir que el programa “Sembrando Vida” ha contribuido en los últimos siete años para ayudar a los pequeños productores que cuentan por lo menos con 2.5 hectáreas, pero que no es suficiente para abatir la demanda nacional de maíz.
De hecho, los campesinos con tal de conservar el apoyo mensual de 6 mil 450 pesos, siembran el grano, pero no lo trabajan correctamente con abono, fumigantes, deshierbe, etc. El resultado son las milpitas que solo mal producen pequeñas mazorcas. Es un auto engaño local e institucional.
El programa se reduce a objetivos electoreros y no productivos.
Se debe mirar ahora hacia los medianos productores con 20, 30, 50 hectáreas que tendrían mayor capacidad, con un programa similar al actual de “Sembrando Vida” -por ejemplo, “Sustituyendo Importaciones”, y avanzar para disminuir la brutal dependencia alimentaria ante los Estados Unidos. La alimentación es un asunto de seguridad nacional.
El mismo diario La Jornada publica que en los dos primeros meses de 2026, Estados Unidos exportó a México 3 millones 952 mil 249 toneladas de maíz, la mayor parte amarillo y transgénico, una cantidad sin precedente para un periodo similar, equivalente a un aumento de 11 por ciento respecto a las 3 millones 549 mil toneladas del mismo periodo de 2025.
Esa importación mexicana representó para empresas estadunidenses un negocio de 895 millones 815 mil dólares, 9 por ciento más que los 822 millones 117 mil dólares de un año atrás.
Al año, de acuerdo con datos del USDA, la venta de maíz de Estados Unidos a México representa un negocio redondo que supera 5 mil millones de dólares, el cual está en gran parte controlado por corporaciones trasnacionales, como Archer Daniels Midland, Bayer, Bunge, Cargill, DeBruce y Bartlett Grain, entre otras.
De acuerdo con Ana de Ita, directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, estas empresas dominan el mercado del país debido a que intervienen en el financiamiento, se han apoderado de la infraestructura, tienen información de primera mano sobre oferta y demanda globales, participan en la compra de físicos y futuros, son importadores y también exportadores, además de que adquieren volúmenes importantes de la cosecha nacional e inciden en la fijación de los precios internacionales a partir de movimientos reales y especulativos.
No conforme con ese gran negocio, el gobierno de Estados Unidos cuestiona el decreto emitido por México en febrero de 2023, mediante el cual se prohibió el uso de maíz genéticamente modificado en la elaboración de tortillas y masa, además de establecer la sustitución gradual de este grano en otros productos destinados al consumo humano y alimentación animal. A juicio de Washington, estas disposiciones restringen el acceso efectivo de sus exportaciones, en la medida en que la mayor parte del maíz que vende al exterior, incluido el destinado a México, es de tipo transgénico.
TIEMPO FUERA.- Mientras tanto, la canasta básica alimenticia está sujeta a una presión inflacionaria con el aumento al precio del diésel, combustible de los camiones que movilizan los productos, además del actual bloqueo de productores y transportistas en 17 estados por la ola de asaltos y secuestros de los choferes.



