(Imagen tomada de Esfera Noticias)
No es política, es responsabilidad institucional
Estimados paisanos:
Pemex a minimizado los incidentes recientes y negado recurrentemente de que existan riesgos para la población, trabajadores, instalaciones de la refinería y el medio ambiente por la operación de la Refinería Olmeca de dos Bocas, que ha sido muy cuestionada sobre su seguridad industrial y observada de omisiones graves por la Auditoría Superior de la Federación ante la eventualidad de siniestros mayores.
El de marzo de 2026, donde el desbordamiento de aguas aceitosas por las lluvias provocó una ignición fatal en el exterior de la barda perimetral, es la evidencia técnica definitiva de que la falta de una zona de amortiguamiento no es una «posibilidad de riesgo», sino una falla de diseño activa.
El hecho de que cuatro de las víctimas fueran civiles o trabajadores externos transitando por una vía aledaña representa que: la refinería ha invadido el espacio vital de la población sin protecciones físicas y que requiere medidas de mitigación extraordinarias ahora, no en el futuro.
Ante esta circunstancia PEMEX debe de poner en 1er lugar la seguridad de la población aledaña y reconocer formalmente que su radio de peligro se extiende a las vialidades públicas y viviendas colindantes por lo que debe de inmediato de asumir una responsabilidad civil extramuros, con un Seguro de Daños a Terceros de cobertura amplia.
Este reciente evento del incendio en la bodega de coque que alarmó a la población, con gran impacto psicológico y la ansiedad colectiva que dejó, es la oportunidad para que PEMEX convierta el «trauma social» que está causando, en un argumento para una intervención de remediación de las omisiones que tuvieron para la prevención de incidentes como incendios, explosiones y al medio ambiente.
PEMEX debe de empezar con el establecimiento de una “zona de amortiguamiento” y medidas de seguridad proactiva y gestión de riesgos, como sistemas de alerta temprana a través de sirenas y una red de sensores de calidad del aire vinculados a una APP para la población, con protocolos de evacuación e infraestructura de emergencia especializada en riesgos químicos, además de la reubicación de la población colindante
PEMEX también tiene la oportunidad de transformar la indignación social en una gestión profesional y comprometida con la población de Paraíso.
Los eventos recientes son un recordatorio doloroso pero irrefutable de que el tiempo es el recurso más escaso para esta población y que obliga a una intervención federal urgente con más hechos que declaraciones y “reunionitis”.
Un último pensamiento estratégico:
En Tabasco, la relación con el sector petrolero es histórica y compleja. Los tabasqueños no somos «enemigo del progreso», más bien somos una sociedad «garante de la seguridad de Paraíso», pero eso si, se necesita formalizar esa relación ante esta cruda realidad con un “Nuevo Pacto” como se ha sugerido entre PEMEX-Gobierno Federal-Tabasco.
En mi caso, nosotros no hablamos de política, hablamos de ingeniería de seguridad y de vidas humanas».



