CARTA ABIERTA
La muerte de Manuel Gurría Ordoñez, a los 95 años, es el cierre de un capítulo fundamental para entender por qué la marea guinda tardó casi dos décadas en inundar Tabasco.
Identificado como el hermano menor del profesor Carlos Hank González y pieza clave del influyente Grupo Atlacomulco, Gurría no quiso ser un simple administrador de la Quinta Grijalva entre 1992 y 1994, sino el arquitecto de un dique político que marcó el destino del estado por casi dos décadas.
Su llegada al poder con el PRI se dio en un terreno minado tras la estrepitosa caída de Salvador Neme Castillo, quien no resistió las presiones de un entonces emergente opositor llamado Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, lo que muchos vieron como un interinato de transición resultó ser la cimentación de un bloque de contención. Gurría, con el colmillo retorcido que le dio ser secretario de Gobierno de Carlos A. Madrazo, se encargó de que el obradorismo no pasara en aquel momento.
De no haber sido por el respaldo total que dio a su primo Roberto Madrazo Pintado, en aquellas polémicas elecciones de 1994, el destino de Tabasco habría sido otro. A pesar de las acusaciones de fraude y de la orden del presidente Ernesto Zedillo para remover a Madrazo, Gurría se mantuvo firme como su principal tutor y aliado.
Esa resistencia impidió que Obrador se hiciera del gobierno, postergando la entrada de su movimiento por tres sexenios adicionales.
Gracias a esa muralla política, el PRI encadenó 18 años más de dominio absoluto a través de los gobiernos de Roberto Madrazo Pintado, Manuel Andrade Díaz y Andrés Granier. Fue un largo invierno para la oposición que solo terminó cuando Arturo Núñez Jiménez logró ganar bajo las siglas del PRD, abriendo finalmente el camino para que Morena se consolidara con Adán Augusto López, Carlos Manuel Merino y Javier May.
Lo más fascinante es que mientras Gurría frenaba al hoy expresidente en las urnas, formaba en sus oficinas, sin saberlo, claro, a quienes hoy tienen el poder en Tabasco.
Su administración fue el semillero de un Adán Augusto, quien en su toma de protesta le rindió un homenaje público. También bajo su ala crecieron Enrique Priego Oropeza, Jaime Lastra Bastar, Florizel Medina Pereznieto y Humberto Mayans Canabal. Incluso figuras polémicas como Hernán Bermúdez Requena dieron sus primeros pasos en su estructura de seguridad.
Manuel Gurría Ordoñez fue el último gran operador de una era. Fue el hombre que, con una mano, firmaba decretos ecológicos para los Pantanos de Centla y el Yumká, y con la otra, sentaba las bases para detener lo que parecía un avance irremediable.
Tabasco vive bajo una nueva realidad, pero esa transición fue aplazada por 18 años porque un hombre decidió ser el dique que sostuvo a todo un sistema priista que llegó hasta donde pudo tras casi setenta años en el poder.



