CARTA ABIERTA
Una contundente información publicada por Osvaldo García en El Heraldo de Tabasco, da cuenta de un tema relevante que el público ignoraba… hasta ayer. El decomiso de una aeronave con 636 kilogramos de cocaína en Balancán fue posible gracias a inteligencia proporcionada por la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur del Comando Sur de los Estados Unidos. Este hecho ocurrió en territorio tabasqueño y fue un golpe relevante al trasiego de drogas en la región.
La información surgió el mismo día que la presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional al secretario del Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos, Markwayne Mullin. En el encuentro participaron la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo; el secretario de Marina, Raymundo Morales; el embajador Ronald Johnson, el canciller Roberto Velasco y Omar García Harfuch. La versión oficial del encuentro enfatizó el diálogo bilateral voluntario y respetuoso de la soberanía.
El caso de Balancán revela cómo el intercambio de información de inteligencia entre México y Estados Unidos puede traducirse en resultados concretos en estados como Tabasco, que por su ubicación geográfica es un punto delicado en materia de seguridad. Sin embargo, para los tabasqueños lo más relevante es que se haya logrado la incautación de la droga que, de otra forma, podría haber alimentado la violencia o el trasiego en esta zona del país.
Lo cierto es que la colaboración en inteligencia está a todo lo que da, muy presente, por mucho que algunos personajes del oficialismo busquen negarlo, minimizarlo o condenarlo en aras del discurso de la soberanía. Y es que distintas administraciones, independientemente de su signo partidista, han recurrido a ella desde las épocas del PRI.
Por eso ‘salta’ el tema de Chihuahua, donde Morena promueve un juicio político contra la gobernadora panista Maru Campos, por presuntos acuerdos con la CIA en operativos contra laboratorios de droga. Estos contrastes muestran que la cooperación bilateral es un tema que genera mucha sensibilidad política, aunque en la práctica está presente en diversas entidades, como Tabasco. Y tan sólo hay que recordar que la inteligencia gringa estuvo también activa en el abatimiento de El Mencho.
Por eso es que la presión del gobierno de Trump y de la opinión pública mexicana, ha llevado a que la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, proponga reformas a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales para crear una comisión en el INE que revise perfiles de candidatos de 2027, con apoyo del Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República. El propósito es reducir la infiltración de políticos relacionados con el crimen organizado, una realidad cotidiana tras casos como las detenciones de funcionarios en Morelos relacionados con el Cártel de Sinaloa.
Para Tabasco, el decomiso en Balancán es un ejemplo de que la efectividad en seguridad puede beneficiarse del uso de inteligencia estadounidense, sin que ello implique renunciar a la soberanía. El punto medio consiste en fortalecer las capacidades locales y nacionales, mantener canales de cooperación transparentes y comunicar con mayor claridad estos logros a la ciudadanía. La receta de la relación México-Estados Unidos en materia de seguridad parece clara: equilibrar soberanía, inteligencia y apoyo mutuo. Porque los gringos están aquí.



