CARTA ABIERTA
El propio dirigente nacional priista avanza en la liquidación de su partido en la tierra de AMLO. Cada movimiento en la casona de la calle 16 de Septiembre en Villahermosa es una hoja de ruta: la extinción del registro electoral. La designación de Viridiana Pardo como secretaria general, en lugar de perfiles asociados a personajes con mayor peso político, confirma que el interés del CEN es desarticular lo poco que queda del partido que gobernó allí por más de setenta años.
La expulsión de Maricarmen García May, quien halló refugio en Movimiento Ciudadano siguiendo a su mentor Erubiel Alonso, pudo resolverse con una figura asociada al capital político del exgobernador Andrés Granier, como es el caso de la presidenta de las siglas en Villahermosa, María Teresa Cabrales.
Sin embargo, se optó por una dirigente con alcance limitado al municipio de Comalcalco, dejando a la deriva el único activo electoral real que queda en el estado. Se observa así una negativa sistemática hacia el químico Granier y su entorno, los únicos con la capacidad de movilizar electores pero que hoy de nuevo se desperdician.
En los pasillos priistas corre una teoría que gana peso: existe un acuerdo entre Moreno Cárdenas y una facción del morenismo nacional. Se especula que la desaparición del PRI en Tabasco es la moneda de cambio para frenar las investigaciones en el Congreso federal. Ahí está, por ejemplo, el sospechoso silencio de Alito tras la deserción del diputado Erubiel Alonso, pues rompe con su costumbre de atacar frontalmente a quienes abandonan las filas del tricolor.
Mientras al PRI lo rompen a pedazos desde el CEN, Movimiento Ciudadano hace las veces de un deshuesadero, con la idea de que así podrán plantarle cara a Morena.
Se sigue así el mapa donde el papel del dirigente estatal priista, Miguel Barrueta, queda resignado a perder el registro electoral en 2027, lo que no sucedió con Dagoberto Lara en 2021, cuando consiguió cuatro diputados locales plurinominales, y con el mismo Barrueta en 2024, cuando cayó hasta la cuarta fuerza política con sólo un legislador local.
Si López Obrador consiguió la desaparición del PRD durante su sexenio, ahora le toca al PRI local en una suerte de ajuste de viejas afrentas dentro de su dilatada carrera política. Los últimos hechos apuntan a que Moreno Cárdenas ha decidido concluir la tarea del expresidente para librar la ley.
El resultado es previsible. Las próximas elecciones marcarán el fin de una era para un instituto político víctima de lo que parece ser un sabotaje desde su propio liderazgo nacional. Será el último juego del tricolor en la cuna del Peje.

