CARTA ABIERTA
Lo que la cúpula de Movimiento Ciudadano vendía como una jugada maestra para 2027 se ha convertido en una auténtica noche de cuchillos largos. La llegada del diputado federal Erubiel Alonso, cobijado desde la Ciudad de México por Dante Delgado y Jorge Álvarez Máynez, operada localmente por Pedro Jiménez León, abrió un boquete en el barco naranja. Lo que buscaba ser una suma, en realidad ha explotado en una guerra civil.
Aunque al principio llegó solo, Erubiel ha venido sumando en los últimos días a la guardia pretoriana que lo acompañó en el PRI, incluyendo a operadores como Jaime Pérez Hernández, exlíder de Movimiento Territorial, y a la secretaria general, Maricarmen García.
El plan en esta intriga erubielista es maquiavélico: colonizar el partido, imponerse en la candidatura por la alcaldía de Centro y ser un contrapeso a las dos corrientes encabezadas por Gerardo Gaudiano y Pedro Palomeque. Es una operación hostil en toda regla que cuenta con el visto bueno de su patrocinador, Pedro Jiménez León.
Como ya se esperaba lo que el expriista se traía entre manos, es que la insurrección estalló desde el principio. Los alcaldes Armín Marín Sauri y Ricki Arcos —el primero lo acusó de vender candidaturas cuando fue dirigente del PRI y el segundo lo tildó a Erubiel de «bandidazo»— encabezan una resistencia total. Recordar el cuestionado historial de Alonso en el tricolor, es el combustible diario de una guerra interna que ya se salió de las manos.
En los pasillos de MC se sabe que la dirigente Karla Rabelo se ha mostrado incapaz de poner orden; es una espectadora de primera fila en un teatro donde las facciones ya se declararon la guerra.
Mientras este canibalismo avanza, el dirigente morenista Jesús Selván sonríe desde la barrera y advierte que este reacomodo resta más de lo que suma. MC pretendía ser el retador de Morena en 2027, pero llegará desangrado por sus propios demonios internos.
Está claro que al recoger cartuchos quemados bajo la promesa de expandirse, Pedro Jiménez León y la cúpula nacional siguen promoviendo la discordia interna.
La unidad en MC para 2027 está en duda; la intriga sigue mandando sobre la estrategia electoral, y el partido ya es un campo de batalla de todos contra todos.
Por el lado del PRI, el nuevo éxodo de sus integrantes exhibe su acta de defunción. Víctima de la inexperiencia de Miguel Barrueta —quien le entregó el manejo del tricolor a Erubiel para pagar el favor de su ascenso bajo la bendición de Alejandro «Alito» Moreno—, el PRI camina directo a perder el registro.

